504. [Como velos negros]

Poema #504.

 

Como velos negros flotaban las nubes.

Abajo el hombre

encorvado torpemente caminaba.

Pesaba un gran silencio sobre su cabeza.

Abría y cerraba los ojos hundidos

y miraba por momentos hacia arriba.

Relámpagos lejanos parecían encandilarlo.

El infinito le hablaba en voz muy baja.

Abandonaba el mundo de afuera.

Huraño, agobiado por las confidencias,

regresaba a su cuarto

iluminado apenas por una luz rojiza.

Su cerebro ardía entre fuegos virtuales.

 

Francisco Pérez Perdomo.

Poeta y crítico literario nacido en Boconó, Venezuela, en el año 1930. Formó parte de los grupos Sardio y El techo de la ballena. Recibió, en 1980, el Premio Nacional de Literatura. Este poema pertenece a “Los ritos secretos”, libro de su madurez publicado en 1981 en el que se entrelazan hechos y ensueños, realidad y fantasía ensimismada.

Más allá que aquí, más en el ensueño que en la realidad; el mismo mundo, el mismo paisaje, arde con llamas distintas para él. Surgen sus palabras y sus versos de los trazos con los que ve su realidad, los relámpagos que lo encandilan, los silencios que le pesan, los fuegos. El poema construye un caminar fuera del tiempo, el recorrido de este hombre encorvado, que no empieza ni termina.

@SaetasdeLuis

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454. Noches blancas

Poema #454.

Noches blancas.

 

No hay nadie aquí,

y el cuerpo dice: todo lo dicho

no debe ser dicho. Pero nadie

es un cuerpo igualmente, y lo que el cuerpo dice

nadie lo oye

excepto tú.

 

Nevada y noche. La repetición

de un asesinato

entre los árboles. La pluma

se mueve sobre la tierra: qué ocurrirá

lo ignora, y la mano que la sostiene

ha desaparecido.

 

No obstante, escribe.

Escribe: en el principio,

entre los árboles, un cuerpo vino caminando

desde la noche. Escribe:

la blancura del cuerpo

es del color de la tierra. Es tierra,

y la tierra escribe: todo

es del color del silencio.

 

Yo no estoy aquí. Nunca he dicho

lo que tú dices

que he dicho. Y, cada noche,

desde el silencio de los árboles, sabes

que mi voz

viene caminando hacia ti.

 

Paul Auster.

Poeta y ensayista norteamericano. Nació en 1947 y reside actualmente en Nueva York. Obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2006. Estudió literatura italiana, francesa e inglesa en la Universidad de Columbia, Nueva York. Ha traducido a múltiples escritores franceses como Mallarmé, Sartre y Joubert.

La blancura del nadie, de la nada, del silencio. Una escritura sobre la noche que camina hacia delante, hacia ti, hacia nosotros. Hagamos caso: no hay nadie aquí, todo lo dicho no debe ser dicho.

@SaetasdeLuis

338. Buenos Aires

Poema #338.

Buenos Aires.

 

Y la ciudad, ahora, es como un plano

de mis humillaciones y fracasos;

desde esa puerta he visto los ocasos

y ante ese mármol he aguardado en vano.

 

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto

me han deparado los comunes casos

de toda suerte humana; aquí mis pasos

urden su incalculable laberinto.

 

Aquí la tarde cenicienta espera

el fruto que le debe la mañana;

aquí mi sombra en la no menos vana

 

sombra final se perderá, ligera.

No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.

 

Jorge Luis Borges.

 

Es considerado uno de los más importantes escritores argentinos del siglo XX. Nació en Buenos Aires en 1899 y falleció en Ginebra en 1986. Su primer poemario se titula “Fervor de Buenos Aires”, y lo publica en 1923.

Siempre existe, aunque viajemos mucho, aunque seamos nómadas infatigables, esa ciudad, esa memoria a la que estamos atados, ese lugar que guarda algo de nosotros. Está entramada de recuerdos y de imágenes, un laberinto por el que caminamos entre distintos tiempos. Y, pues sí, en ocasiones no sabemos si lo que nos une a una ciudad es el amor o el espanto… y caminamos.

@SaetasdeLuis

98. Caracas

Poema #98.

Caracas.

 

Tan altos son los edificios

que ya no se ve nada de mi infancia.

Perdí mi patio con sus lentas nubes

donde la luz dejó plumas de ibis,

egipcias claridades,

perdí mi nombre y el sueño de mi casa.

Rectos andamios, torre sobre torre,

nos ocultan ahora la montaña.

El ruido crece a mil motores por oído,

a mil autos por pie, todos mortales.

Los hombres corren detrás de sus voces

pero las voces van a la deriva

detrás de los taxis.

Más lejana que Tebas, Troya, Nínive

y los fragmentos de sus sueños,

Caracas, ¿dónde estuvo?

Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,

ya no se ve nada de mi infancia.

Puedo pasearme ahora por sus calles

a tientas, cada vez más solitario;

su espacio es real, impávido, concreto,

sólo mi historia es falsa.

 

Eugenio Montejo.

Ya hemos publicado anteriormente poemas de Montejo en Trazos de la memoria. Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas en 1938 y murió en Valencia en 2008. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Publicó más de diez libros de poesía, incluyendo algunos bajo heterónimos como Sergio Sandoval, Tomás Linden, Blas Coll y Eduardo Polo. El poema de hoy pertenece a su poemario Terredad.

Caracas… “esa maravillosa equivocación española”, como la llama Cabrujas en cierta ocasión. Hay tanto que decir sobre esta ciudad que es caos y cuyo único punto cierto parece ser el Ávila. Todo lo demás se deshace, cambia, se destruye… Y quizás nos preguntamos si no somos nosotros los que nos deshacemos en esta ciudad, y nuestra historia se vuelve falsa al no encontrar ya las señas de nuestra memoria. Ese parque infantil donde nos caímos, esa calle donde dimos nuestro primer beso, el lugar donde trabajamos por primera vez, todo eso se va desmoronando con el paso inexorable de Caracas, todo eso se pierde. Se pierden los patios, las calles, las casas. Todo se deconstruye y va ocultando, con edificios cada vez más altos y más hostiles, eso único que nos hace reconocernos en Caracas: la montaña. Caracas, ¿dónde estuvo? La ciudad en nuestra memoria es una ciudad diferente a la que recorremos. Cada vez estamos más aislados, cada vez la ciudad se concreta, cada vez nuestra historia se difumina más, mientras seguimos caminando…

@SaetasdeLuis

91. Causa perdida

Poema #91

Causa perdida

Coloqué un vaso de agua en el asfalto.

Metí un cabello de mujer entre las hojas del periódico de hoy.

Traje un ciempiés a caminar sobre el archivo.

Escribí la letra i sobre un papel timbrado.

Le puse a ayer el nombre de mi amiga en vez de jueves.

Dejé un durazno sobre el radiador de un automóvil.

Rompí el espejo para ver el sol multiplicarse.

Jugué con un grano de arroz en la oficina.

Regalé una cucharita a mi vecino.

Y no dio resultado el saboteo.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Publicados anteriormente aquí: “¿Y si fuera verdad..?” y “La noche del deseo”. Estudió en la Universidad Católica Andrés Bello, obteniendo el título de Licenciado en filosofía. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  “El esplendor y la espera” (2000), entre otros.

Hay noches en el que el sinsabor de esta cauda perdida se acuesta conmigo. Pero, me pregunto, qué es el poeta, el artista, si no ese encargado de  hacer ver, sonar o sentir esos detalles.  El encargado de hacer esa relación extraña entre objetos para jugar con el tiempo o con la cotidianidad. Ese sujeto que puede unir al ciempiés con el archivo y al durazno con el radiador, con la esperanza de que algo suceda. Y aunque a veces la causa parece estar perdida, él lo sigue intentando.

@LauraAlessR