531. Para desnudar a una mujer

Poema #531

Para desnudar a una mujer

Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra
ni pericia ni astucia
De nada valen erudición destreza brusquedad
Ni siquiera sabiduría

Para amanecer a su lado
poco importa el arrojo el valor
.                                                               la treta o la artimaña
De nada sirven apostura o tenacidad
No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución
.                               o su mesura

Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil
.                                 toda voracidad resulta amarga
.                                 todo discernimiento se vuelve melancólica penuria

Para desnudar a una mujer basta el instante
.                                 en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca
y restaure en su pecho la incordura
.                                y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.

Gustavo Pereira

Poeta, ensayista y crítico literario venezolano. Nació en Margarita en 1940. Fue miembro del grupo “Símbolo”. Ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos: el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1988), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (2000). En 2008, el Festival Mundial de Poesía (5ªedición) fue dedicado a Gustavo Pereira. Ya tenemos varios poemas de él publicados en Trazos de la memoria.

Para denudar una mujer… un instante de duda, un instante solamente. Un instante propicio para el fuego que “sugiere el deseo de cambiar, de atropellar el tiempo, de empujar la vida hasta su más allá”. Y así, como la llama viva, desnudar a una mujer es un instante, no más.

@LauraAlessR

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501. La mujer de humo

Poema #501

La mujer de humo

Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
viento hay en tus brazos.

Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando…

Cavaste la tierra,
yo pasé despacio…
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!…

Tú tienes la flecha:
yo tengo el espacio;
tu mano es de acero
y mi pie es de raso…

Mano que sujeta,
pie que escapa blando…
¡Flecha que se tira!…
(El espacio es ancho…)

Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado…

Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto
que pasa… En tus manos.

Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido…

Hombre que me besas,
tu beso es en vano…
Hombre que me ciñes:
¡Nada hay en tus brazos!

Dulce María Loynaz

Poeta cubana. Nació en La Habana el 10 de diciembre de 1902. Doctora en leyes. Una de las principales figuras de la poesía lírica cubana y universal. Publicó sus primeros poemas en 1920. En 1986 recibió el premio Nacional de Literatura de su país, en 1991 el Premio de la Crítica y en 1992 el premio Cervantes, convirtiéndose desde entonces en directora de la Academia Cubana de la Lengua. Entre sus obras se encuentran: “Juegos de agua” (1951),”Poemas náufragos” (1991), “Finas redes” (1993), “La novia de Lázaro” (1993), “Melancolía de otoño” (1997), “La voz del silencio” (2000), entre otros. Fallece el 27 de abril de 1997.

Entonces, nada hay entre tus (a)brazos…

@LauraAlessR

465. Fuegos

Poema #465

Fuegos

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme
desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen,
pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Marguerite Yourcenar

Poeta, novelista e historiadora belga de origen francés nacida en Bruselas en 1903. Huérfana de madre desde su nacimiento, fue educada por su padre quien fomentó en ella el interés por la literatura. Publicó la primera colección de poemas en 1921 bajo el título “El jardín de las quimeras” y una segunda colección en 1922 denominada “Los dioses no han muerto”. Viajó a Estados Unidos en 1939 como catedrática de Literatura comparada en el Instituto Sarah Lawrence College de Nueva York, y posteriormente estableció su residencia definitiva en el estado de Maine, obteniendo la nacionalidad norteamericana en 1948. Fue reconocida mundialmente por la publicación de la novela “Las memorias de Adriano” en 1951. Falleció en diciembre de 1987.

En el espacio que se abre ante la palabra “muerte”, despierta y habita la chispa de la vida. Allí, se aviva poco a poco la llama del existir. En los espacios que deja una caricia, un compañero, una necesidad. Instantes para el infinito. Al final, la vida o la muerte no son más que breves instantes (sublimes, quizás).

@LauraAlessR

425. Poema 20

Poema #425

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda

Poeta chileno, considerado entre los más influyentes del siglo XX, así como destacado activista político y miembro del comité central del Partido Comunista. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y en 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura. Figuras como Harold Bloom y Gabriel García Márquez lo han considerado un gran poeta, sin comparación en el siglo XX.

Escribir desde la ausencia desborda, en infinitas imágenes, los versos del poeta. Uno de los poemas más conocidos de Pablo Neruda. Un poema de amor y de olvido, recitado por tantos amantes. Por ella y sin ella, aprendemos a arder fuera del camino.

@LauraAlessR