406. [Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,]

Poema #406.

 

Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,

que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.

El ave pasa y olvida, y así debe ser.

El animal, donde ya no está y por eso de nada sirve,

muestra que ya estuvo, lo que no sirve para nada.

 

El recuerdo es una traición a la Naturaleza,

porque la Naturaleza de ayer no es Naturaleza.

Lo que fue no es nada, y recordar es no ver.

 

¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!

 

Alberto Caeiro.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa, poeta portugués, considerado el “Maestro” por todo el grupo. Un poeta de la espontaneidad, del instinto, de la vivencia. Según la historia del personaje, fue un campesino que sólo recibió la educación primaria, y creía en la ausencia de toda filosofía.

En el poema se llega al extremo de sólo vivir el presente, olvidar toda influencia del pasado y del futuro. Pasar sin dejar rastro, vivir sin memoria, siempre entregándose nuevamente como la primera vez, escuchando a la Naturaleza, al instinto, a la emoción humana que mueve y conmueve. Todos nuestros conceptos son cuestionables, convenciones que hemos decidido vivir. Y pasamos, como todo pasa, inclusive las huellas del animal.

@SaetasdeLuis

264. Pájaro

Poema #264.

Pájaro.

 

Un pájaro elegante,

patas delgadas, cola interminable,

viene

cerca de mí, a saber qué animal soy.

 

Sucede en Primavera,

en Condé-sur-Iton, en Normandía.

Tiene una estrella o gota

de cuarzo, harina o nieve

en la frente minúscula

y dos rayas azules lo recorren

desde el cuello a la cola,

dos líneas estelares de turquesa.

 

Da minúsculos saltos

mirándome rodeado

de pasto verde y cielo

y son dos signos interrogativos

esos nerviosos ojos acechantes

como dos alfileres,

dos puntas negras, rayos diminutos

que me atraviesan para preguntarme

si vuelo y hacia dónde.

Intrépido, vestido

como una flor por sus ardientes plumas,

directo, decidido

frente a la hostilidad de mi estatura,

de pronto encuentra un grano o un gusano

y a saltos de delgados pies de alambre

abandona el enigma

de este gigante que se queda solo,

sin su pequeña vida pasajera.

 

Pablo Neruda.

Este poeta nació en Chile en el año 1904 y murió en 1973. Es considerado uno de los artistas más influyentes del siglo XX; publicó una extensa obra poética y fue un activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. Este poema pertenece a “Jardín de invierno”, textos que fueron escritos en los años 1971-1973 durante los que fue embajador plenipotenciario en Francia, representando al gobierno izquierdista de Salvador Allende. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971.

Una pequeña vida pasajera, un instante, un pájaro que se nos acerca preguntándonos qué somos -una respuesta que no solemos conocer-; el ave salta, se acerca, nos permite detallarla mientras nos detalla. Perdemos importancia y pasa a algo más –a un grano o un gusano– y la vida continúa, y seguimos sin saber bien qué animal somos, pero admirados por la elegancia de un pequeño e intrépito pájaro.

@SaetasdeLuis

244. El albatros

Poema #244.

El albatros.

 

Como un juego, a menudo en los barcos he visto

cómo cazan albatros, grandes aves marinas

que son como indolentes compañeros de viaje

tras el barco que surca los abismos amargos.

 

Una vez han caído en cubierta, esos reyes

del espacio azulado son torpones y tímidos,

y sus alas tan blancas y tan grandes son como

blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.

 

¡Pobre alado viajero, desmañado e inerte!

¡Él que fue tan hermoso ahora es feo y risible!

Uno acerca a su pico la encendida cachimba,

otro imita cojeando al lisiado con alas.

 

El Poeta es un príncipe, gran señor de las nubes,

cuya casa es el viento, que no teme al arquero;

desterrado en el suelo, entre el vil griterío,

sus dos alas gigantes no le dejan andar.

 

Charles Baudelaire.

 

Fue un poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867). María Zambrano dice de Baudelaire que “es el padre, al par que redentor, de la poesía. Y la ha redimido por aquello que parecía faltarle: la conciencia.” Fue llamado “poeta maldito” debido a su vida de bohemia y excesos, y fue un importante exponente del simbolismo francés. Este poema pertenece a sus “Flores del mal”. La poesía de Baudelaire resulta sumamente importante para ver la transición que llevó al poeta a perder su aureola y su altar.

El poeta iba con dignidad por los cielos, como “gran señor de las nubes”, hecho para volar e imponerse en el viento, donde resultaba majestuoso; sin embargo, haber caído a tierra le resulta humillante y entorpecedor, pues no está hecho para eso. Incomprendido y lastimero camina por la tierra con dos alas gigantes que apenas le dejan andar, torpemente. El poeta tiene, pues, que aprender a caminar con ellas o volver al cielo, o quitarse eso que lo llena de torpeza en el mundo por el que anda, sean alas o aureola o dignidad falsa e innecesaria. Inadaptado, el poeta hace lo que puede.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“…y sus alas tan blancas y tan grandes son como/ blandos remos que arrastran lastimosos por tierra.”