399. Escribir sobre el silencio…

Poema #399

Escribir sobre el silencio…

Escribir sobre el silencio o sobre
sus trozos de vacío, pero volver a
la palabra o hacia su desaparición

volver a la claridad, a la duda,
a una vida sencilla
o a la ardua madurez del hierro

fuera de aquí, anclar en el asombro
esa inocencia del mutismo.

Esdras Parra

Poeta, ensayista, narradora y traductora venezolana nacida Mérida en 1939. Vivió en Londres desde los diecisiete años. Se sometió al cambio de sexo, adoptando desde entonces una posición imperturbable. Radicada de nuevo en Caracas, desarrolló una importante carrera literaria como ensayista y editora. Fue fundadora y directora de la revista Imagen, publicó varias obras de narrativa bajo los títulos “El insurgente” en 1967, “Por el norte el mar de las Antillas” en 1968 y “Juego limpio” en el mismo año. A partir de la década del noventa incursionó en la poesía con los siguientes volúmenes: “Suelo secreto”, premio de la II Bienal de Mérida en 1993; “Antigüedad del frío” en 2001 y “Aún no” en 2004. Falleció en noviembre de 2004.

Volver a la palabra, volver hasta al principio por un nuevo camino. El camino del asombro, de la duda y la sencillez. Allá, en el inicio aguarda el motivo de la palabra, el silencio genuino. Andar el camino ya andado con la memoria llena y la inocencia fresca.

@LauraAlessR

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330. Si acaso

Poema #330.

Si acaso.

 

Podía ocurrir.

Tenía que ocurrir.

Ocurrió antes. Después.

Más cerca. Más lejos.

Ocurrió; no a ti.

 

Te salvaste porque fuiste el primero.

Te salvaste porque fuiste el último.

Porque estabas solo. Porque la gente.

Porque a la izquierda. Porque a la derecha.

Porque llovía. Porque había sombra.

Porque hacía sol.

 

Por fortuna había allí un bosque.

Por fortuna no había árboles.

Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,

un marco, una curva, un milímetro, un segundo.

Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

 

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.

Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,

a un paso, por un pelo,

por casualidad.

 

¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?

¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?

No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.

Escucha

cuán rápido me late tu corazón.

 

Wislawa Szymborska.

Nació en 1923 en Polonia y falleció el 1 de febrero de este mismo año. Traductora, ensayista y, por supuesto, poeta. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en el año 1996 por una obra poética que, con ironía y precisión, logró iluminar fragmentos de la realidad humana.

La red de conexiones se extiende invisible sobre nosotros, nos movemos dentro de ella y descubrimos coincidencias, encuentros fortuitos, casualidades. Sorprenden todas las conexiones, todas las (im)posibilidades de cada instante, que suceden, que nos llevan a donde estamos. ¿Qué pasaría si… cualquier otra cosa? Por fortuna, la rueda gira y todo lo que sucede está conectado en una red con infinitos condicionantes y detalles que se suman en cada instante, haciéndolo posible. No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

La fortuna siempre es precisa.

152. Mucho más allá

Poema #152.

Mucho más allá.

 

¿ Y si nos vamos anticipando

de sonrisa en sonrisa

hasta la última esperanza?

 

¿Y qué?

¿Y qué me das a mí,

a mí que he perdido mi nombre,

el nombre que me era dulce sustancia

en épocas remotas, cuando yo no era yo

sino una niña engañada por su sangre?

 

¿A qué , a qué

este deshacerme, este desangrarme,

este desplumarme, este desequilibrarme

si mi realidad retrocede

como empujada por una ametralladora

y de pronto se lanza a correr,

aunque igual la alcanzan,

hasta que cae a mis pies como un ave muerta?

Quisiera hablar de la vida.

Pues esto es la vida,

este aullido, este clavarse las uñas

en el pecho, este arrancarse

la cabellera a puñados, este escupirse

a los propios ojos, sólo por decir,

sólo por ver si se puede decir:

“¿Es que yo soy? ¿Verdad que sí?

¿No es verdad que yo existo

y no soy la pesadilla de una bestia?”

 

Y con las manos embarradas

golpeamos a las puertas del amor.

Y con la conciencia cubierta

de sucios y hermosos velos,

pedimos por Dios.

Y con las sienes restallantes

de imbécil soberbia

tomamos de la cintura a la vida

y pateamos de soslayo a la muerte.

 

Pues esto es lo que hacemos.

Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa

hasta la última esperanza.

 

Alejandra Pizarnik.

Poeta argentina, nace y muere en Buenos Aires (1936-1972). Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires, posteriormente viajó a París donde estudió Literatura Francesa en La Sorbona y trabajó en el campo literario. Es considerada una importante representante del surrealismo poético. Este es el cuarto poema suyo que publicamos en Trazos de la memoria.

Hay poemas que, cuando los leemos por primera vez, representan un extraordinario hallazgo que nos sacude y nos asombra. Mi primera lectura de este poema fue así, y aún no deja de sorprenderme cada una de sus relecturas, así como todo lo que contiene en sí mismo, todo lo que dice de forma directa o velada, todo lo que permite pensar y sentir. Y no es sólo lo que dice, sino la forma en la que lo hace, comenzando con una duda que desarrolla y finalmente resuelve: “Pues esto es lo que hacemos. Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza.”

La vida y la muerte siempre se disputan espacios y, soberbios, nos entregamos a la vida y pateamos a la muerte. No sólo nos entregamos, la tomamos de la cintura y la hacemos nuestra. La “realidad retrocede como empujada por una ametralladora” y es parte de la vida empujarla, perseguirla, deshacerla y rehacerla, “pues esto es la vida”, entregarse, clavarse las uñas, aullar; deshacerse, desequilibrarse, existir.

@SaetasdeLuis

81. La mirada I

Poema #81

La mirada I

No se puede mirar

lo que no se ha visto.

Ves una sola vez

pero miras por siempre.

Primero se abren los ojos

luego se asombran.

Pausides González

Poeta venezolano nacido en Caracas en 1962. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes. Su primer poemario “Cada despido del tiempo” fue publicado en Mérida en 1994. Obtuvo el Premio Fernando Paz Castillo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, mención Estudios Literarios, por su libro “La música popular del Caribe hispano en su literatura”. Este poema pertenece a su poemario “Libro del aire” publicado en 2007. Otro poema de él aquí.

Mirar… mirar para encontrar aquello que subyace en lo común, en lo corriente. Preservar la capacidad de asombro, esa inocencia secreta, que permite ser siempre el eterno aprendiz.  Soy apenas alguien que aprende a mirar. Ver, como siempre… y luego reconocer.

Lo que vemos queda en la memoria. Allí esperando el reconocimiento, cuando algo nos lleve por el camino de regreso para saberlo nuestro, para darle voz, cuerpo, forma.

Voy a valerme de esas cenizas que trae el viento para encender el fuego de mi pluma.

@LauraAlessR