496. Casida VIII. De la muchacha dorada

Poema #496.

De la muchacha dorada.

 

La muchacha dorada

se bañaba en el agua

y el agua se doraba.

 

Las algas y las ramas

en sombra la asombraban

y el ruiseñor cantaba

por la muchacha blanca.

 

Vino la noche clara

turbia de plata mala

con peladas montañas

bajo la brisa parda.

 

La muchacha mojada

era blanca en el agua

y el agua, llamarada.

 

Vino el alba sin mancha,

con cien caras de vaca,

yerta y amortajada

con heladas guirnaldas.

 

La muchacha de lágrimas

se bañaba entre llamas

y el ruiseñor lloraba

con las alas quemadas.

 

La muchacha dorada

era una blanca garza

y el agua la doraba.

 

Federico García Lorca.

Poeta, dramaturgo y prosista granadino, parte de la Generación del 27. Nace en 1898 y muere ejecutado tras la sublevación militar de la guerra civil española, en el año 1936. Una “casida”, según explica Emilio García Gómez, “es el nombre que se le da en árabe a todo poema de cierta longitud, con determinada arquitectura interna (…) y en versos monorrimos, medidos con arreglo a normas escrupulosamente estereotipadas”. Pertenece a su libro “Diván del Tamarit”, que está dividio en dos secciones: gacelas y casidas.

Como la muchacha, todo cambia, transforma, se transforma. Ritmo, cadencia, imágenes. La muchacha dorada se transforma en agua y en fuego, y en agua dorada otra vez de vuelta, blanca garza y silueta, y movimiento cíclico que nos lleva y nos trae. Encontrarse esta imagen, y su paso que define su propio tiempo, que abre una brecha en la realidad, es una revelación.

@SaetasdeLuis

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478. Casida IV. De la mujer tendida

Poema #478.

De la mujer tendida.

 

Verte desnuda es recordar la Tierra,

la Tierra lisa, limpia de caballos,

la Tierra sin un junco, forma pura,

cerrada al porvenir; confín de plata.

 

Verte desnuda es comprender el ansia

de la lluvia que buscar débil talle,

o la fiebre del mar de inmenso rostro

sin encontrar la luz de su mejilla.

 

La sangre sonará por las alcobas

y vendrá con espadas fulgurantes,

pero tú no sabrás dónde se ocultan

el corazón de sapo o la violeta.

 

Tu vientre es una lucha de raíces.

Tus labios son un alba sin contorno.

Bajo las rosas tibias de la cama

los muertos gimen esperando turno.

 

Federico García Lorca.

Poeta, dramaturgo y prosista granadino, parte de la Generación del 27. Nace en 1898 y muere ejecutado tras la sublevación militar de la guerra civil española, en el año 1936. Una “casida”, según explica Emilio García Gómez, “es el nombre que se le da en árabe a todo poema de cierta longitud, con determinada arquitectura interna (…) y en versos monorrimos, medidos con arreglo a normas escrupulosamente estereotipadas”. Pertenece a su libro “Diván del Tamarit”, que está dividio en dos secciones: gacelas y casidas.

Recordar la Tierra, ver la Tierra; su vastedad, su esplendor, sus motivos y el recorrido incierto de la vida que da vueltas sobre un tiempo que va y viene en la mujer tendida y desnuda: máxima revelación.

@SaetasdeLuis

408. Gacela III. Del amor desesperado

Poema #408.

Gacela III. Del amor desesperado.

 

La noche no quiere venir

para que tú no vengas,

ni yo pueda ir.

 

Pero yo iré,

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

 

Pero tú vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal.

 

El día no quiere venir

para que tú no vengas,

ni yo pueda ir.

 

Pero yo iré

entregando a los sapos mi mordido clavel.

 

Pero tú vendrás

por las turbias cloacas de la oscuridad.

 

Ni la noche ni el día quieren venir

para que por ti muera

y tú mueras por mí.

 

Federico García Lorca.

 

Poeta, dramaturgo y prosista granadino. Parte de la Generación del 27. Nace en 1898 y muere ejecutado tras la sublevación militar de la guerra civil española, en el año 1936. Una “gacela”, según explica Emilio García Gómez, es principalmente empleada en la lírica persa y es un poema corto, con preferencia por el tema erótico, ajustado a determinados detalles técnicos, cuyos versos son más de cuatro y menos de quince. Pertenece a su libro -publicado finalmente alrededor de 1936- “Diván del Tamarit”.

Ir y venir, como el día y la noche, con el día y la noche, a pesar del día y la noche. Entregarse al amor para no morir, aunque todo se oponga, aunque el día no llegue. Imágenes, ritmo, estructura: el poema de García Lorca es íntegro, y en 17 versos expresa su amor desesperado -y todos- con palabras que sentimos y sabemos.

@SaetasdeLuis