88. Definición del amor

Poema #88.

Definición del amor.

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien, centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,

olvidar el provecho, amar el daño,

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño,

esto es amor; quien lo probó lo sabe.

 

Lope de Vega.

Fray Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), llamado “El fénix de los ingenios” fue poeta y dramaturgo, de los más importantes y prolíficos del Siglo de Oro español. Gozó de mucha fama en vida, y fue gran amigo de Quevedo y Juan Ruíz de Alarcón, enemigo de Góngora y envidiado por Cervantes. Renovó las fórmulas del teatro español y se las arregló para disfrutar de una buena posición en su época, gracias a sus obras y sus escritos.

Hace tiempo publicamos otra definición del amor, escrita por uno de sus contemporáneos, Francisco de Quevedo. Es interesante ver las diferencias y las similitudes con las que ambos escritores hablan del tema en ambos sonetos. Por parte de Lope de Vega, es una muestra de atrevimiento y de su habilidad e ingenio el utilizar tantos adjetivos para articular su definición del amor, pues como diría, mucho después, Vicente Huidobro: “el adjetivo, cuando no da vida, mata”.

De igual manera, la definición del amor de Lope de Vega también juega con los extremos -un estilo recurrente de la época- para hablar de lo que es el amor; todo el soneto es un oxímoron que va señalando algunas de las características, y que puntualiza en el último verso que sólo “quien lo probó lo sabe”, y puede entender las contradicciones que implica el sentimiento.

@SaetasdeLuis

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24. Arte poética

Poema #24.

Arte poética.

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

 

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

 

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

 

Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!
Hacedla florecer en el poema.

 

Sólo para vosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.

 

El poeta es un pequeño Dios.

 

Vicente Huidobro.

 

Considerado uno de los más grandes poetas chilenos (1893-1948), fue creador y exponente del creacionismo, cuyas ideas pueden verse plasmadas en este poema que fue escrito en 1916 y forma parte de su poemario “Espejo de agua”. “Altazor o el viaje en paracaídas” es uno de sus poemarios más conocidos, entre su extensa obra literaria.

Versos de este poema han pasado a formar parte de las recomendaciones habituales que se da a los escritores y que se toman en consideración en la escritura de poesía. Esta “Arte poética” escrita por Huidobro apenas en 1916, cuando comenzaba a figurar lo que sería para él el creacionismo, revela su percepción de la poesía y lo que quiso realizar con su movimiento. “El adjetivo cuando no da vida, mata”. La precisión es, considero yo, esencial para el poeta. Por esto es, para el poeta, más difícil de lo usual escribir, porque cada palabra tiene que ajustarse con certeza a lo que se está diciendo, y “abrir mil puertas”; para Huidobro el poeta ya no sólo muestra un mundo, sino que lo (re)crea, lo “hace florecer en el poema”.

Con el hecho de “ser un pequeño dios” viene la gran responsabilidad de ensayar y rehacer las creaciones hasta que éstas estén correctamente articuladas y tengan vida; cuando el escritor crea, deja un poco de sí, de su energía vital, en el texto. Por eso es tan importante crear y recrear, porque después de mucho escribir uno termina desperdigado en pedazos por toda su obra, a la intemperie.

@SaetasdeLuis