556. Inventario

Poema #556.

Inventario.

 

De qué sedas están hechos tus dedos,

de qué marfil tus muslos lisos,

de qué alturas llegó a tu andar

la gracia de gamuza con que pisas.

 

De qué moras maduras se extrajo

el sabor acidulado de tu seno,

de qué Indias el bambú de tu cintura.

el oro de tus ojos, de dónde vino.

 

A qué mecer de ola vas a buscar

la línea serpentina de tus caderas,

de dónde nace la frescura de esa fuente

que sale de tu boca cuando ríes.

 

De qué bosques marinos se soltó

la hoja de coral de tus puertas,

qué perfume te anuncia cuando vienes

a rodearme de deseo las horas muertas.

 

José Saramago.

Poeta, novelista, periodista y dramaturgo portugués. Nació en Portugal en el año 1922 y falleció en Lanzarote, España, en el año 2010. Entre otros premios y doctorados honoris causa, en el año 1998 se le otorgó el premio Nobel de literatura por “volver comprensiva una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”. Publicó novelas como “Ensayo sobre la ceguera” y “El evangelio según Jesucristo”. Toda su obra invita a plantearse la realidad desde diferentes perspectivas.

Hacer un inventario de la vida, de lo percibido y lo imaginado, de lo perceptible y lo imaginario. La realidad, esa sustancia intangible en la que existimos y navegamos, nos puede cegar o abrir los ojos, nos puede hacer ver cuestiones tan diferentes. ¿De qué está hecha? Las respuestas son un abanico de peces que se difuminan ante cualquier acercamiento.

@SaetasdeLuis

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406. [Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,]

Poema #406.

 

Antes el vuelo del ave, que pasa y no deja rastro,

que el paso del animal, que deja un recuerdo en el suelo.

El ave pasa y olvida, y así debe ser.

El animal, donde ya no está y por eso de nada sirve,

muestra que ya estuvo, lo que no sirve para nada.

 

El recuerdo es una traición a la Naturaleza,

porque la Naturaleza de ayer no es Naturaleza.

Lo que fue no es nada, y recordar es no ver.

 

¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!

 

Alberto Caeiro.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa, poeta portugués, considerado el “Maestro” por todo el grupo. Un poeta de la espontaneidad, del instinto, de la vivencia. Según la historia del personaje, fue un campesino que sólo recibió la educación primaria, y creía en la ausencia de toda filosofía.

En el poema se llega al extremo de sólo vivir el presente, olvidar toda influencia del pasado y del futuro. Pasar sin dejar rastro, vivir sin memoria, siempre entregándose nuevamente como la primera vez, escuchando a la Naturaleza, al instinto, a la emoción humana que mueve y conmueve. Todos nuestros conceptos son cuestionables, convenciones que hemos decidido vivir. Y pasamos, como todo pasa, inclusive las huellas del animal.

@SaetasdeLuis

262. XIII [Leve, leve, muy leve,]

Poema 262.

XIII.

 

Leve, leve, muy leve,

un viento muy leve pasa,

y se va, siempre muy leve.

Y no sé lo que pienso

ni procuro saberlo.

 

Alberto Caeiro.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa. Es considerado el “Maestro” por todos los del “grupo” de heterónimos, incluyendo al mismo Pessoa. Fue un personaje campesino, que recibió sólo la educación primaria, que creía en la naturaleza y en la ausencia de toda filosofía. No escribió prosa porque alegaba que sólo a través de la poesía podía dar cuenta de la realidad.

Dejar de pensar, dejar de saber, sólo dedicarnos a sentir y percibir todos los detalles de la vida, lo que pasa, lo que existe. Nada más.

@SaetasdeLuis

176. XXIV [Lo que vemos de las cosas son las cosas.]

Poema #176.

XXIV.

 

Lo que vemos de las cosas son las cosas.

¿Por qué habríamos de ver una cosa si hubiese otra?

¿Por qué ver y oír sería engañarnos

si ver y oír son ver y oír?

 

Lo esencial es saber ver,

saber ver sin estar pensando,

saber ver cuando se ve,

y no pensar cuando se ve

ni ver cuando se piensa.

 

Pero esto (¡tristes de nosotros que llevamos el alma vestida!),

esto exige un estudio profundo,

un aprendizaje de desaprender

y un secuestro en la libertad de aquel convento

del que los poetas dicen que las estrellas son las monjas eternas

y las flores las penitentes convictas de un solo día,

pero donde al final las estrellas no son sino estrellas

y las flores sólo flores,

y por eso es por lo que las llamamos estrellas y flores.

 

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa del que hace poco publicamos otro de sus poemas. Estos textos pertenecen al libro “Guardador de rebaños”, que según se relata, fueron escritos seguidos, “en una especie de éxtasis cuya naturaleza no lograré definir”, y de este éxtasis nació la figura de Alberto Caeiro, quien luego sería considerado por todos los heterónimos del grupo como el “Maestro”.

Dejar de lado el pensamiento y ver las cosas como son. Saber ver, de distintas maneras, saber sentir. Es algo que al nacer sabemos bien, pero que vamos desaprendiendo a lo largo de la vida, a medida que aprendemos a pensar, a vivir en sociedad. “Lo esencial es saber ver”, hacer una cosa a la vez. Si vemos, ver. Si pensamos, pensar. Si sentimos, sentir. Llevamos el alma vestida por la sociedad, y hemos de (re)aprender a desnudarla, a sentirnos cómodos con ella, a saber que las estrellas y flores pueden ser sólo estrellas y flores, y sentirlas así, también. Es, para nosotros que tenemos el alma vestida, “un aprendizaje de desaprender”, de despojarnos y sentir.

Ustedes tienen que aprender a ver

“Ustedes tienen que aprender a ver.”

@SaetasdeLuis

170. II [Mi mirada es nítida como un girasol.]

Poema #170.

II.

 

Mi mirada es nítida como un girasol.

Tengo la costumbre de andar por los caminos

mirando a la derecha y a la izquierda

y de vez en cuando mirando para atrás…

Y lo que veo a cada instante

es lo que antes nunca había visto,

y me doy buena cuenta de ello.

Sé sentir el asombro esencial

que tiene un niño si, al nacer,

de veras reparase en que nacía…

Me siento nacido a cada instante

a la eterna novedad del mundo…

 

Creo en el mundo como en una margarita

porque lo veo. Pero no pienso en él,

porque pensar es no comprender…

El mundo no se ha hecho para pensar en él

(pensar es estar enfermo de los ojos),

sino para mirarlo y estar de acuerdo…

 

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…

Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,

sino porque la amo, y la amo por eso,

porque quien ama nunca sabe lo que ama,

ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

 

Amar es la eterna inocencia,

y la única inocencia es no pensar…

 

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa. Es considerado el “Maestro” por todos los “del grupo”. Murió de tuberculosis después de vivir en casa de su tía-abuela con una modesta renta posterior a la muerte de su padre y madre. Es conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba el título y pregonaba una “no-filosofía”, creía que los seres simplemente son: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida. Nace como el poeta de la espontaneidad, del candor y del instinto, como desarrolla en este poema. Aquí pueden leer otro poema suyo y leer más sobre Pessoa.

Volverse elemental, sólo ser. No pensar, sentir. Despojarse de todos los pensamientos, de todas las ideologías y, a través de la inocencia, descubrir el mundo, en cada instante, como algo nuevo. Al contrario de la frase que dice que no hay “nada nuevo bajo el sol”, todo es nuevo en el mundo para nosotros, de esta manera. Hablamos de lo que amamos, y así nos conectamos con el mundo, con la Naturaleza, con todo. Nos entregamos a los sentidos, al asombro esencial, al amor.

¿No es así? Hablamos de algo no porque sepamos lo que es, sino porque lo amamos: sin saber qué es, ni por qué amamos, ni siquiera qué es amar. Sólo amamos.

@SaetasdeLuis

76. Todas las cartas de amor son ridículas

Poema #76.

Todas las cartas de amor son ridículas.

 

Todas las cartas de amor son

ridículas.

 

No serían cartas de amor si no fuesen

ridículas.

 

También escribí en mi tiempo cartas de amor,

como las demás,

ridículas.

 

Las cartas de amor, si hay amor,

tienen que ser

ridículas.

 

Pero, al fin y al cabo,

sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor

sí que son

ridículas.

 

Quién me diera el tiempo en que escribía

sin darme cuenta

cartas de amor

ridículas.

 

La verdad es que hoy mis recuerdos

de esas cartas de amor

sí que son

ridículos.

 

(Todas las palabras esdrújulas,

como los sentimientos esdrújulos,

son naturalmente

ridículas).

 

Álvaro de Campos.

 

Heterónimo de Fernando Pessoa. Entre todos los heterónimos, fue el único en manifestar diferentes estilos poéticos a lo largo de su obra. Ingeniero de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo. Comienza su trayectoria como un decadentista (influenciado por el simbolismo), pero luego se adhiere al futurismo. Tras una serie de desilusiones con la existencia, asume una vena nihilista, expresada en aquel que es considerado uno de los poemas más conocidos e influyentes de la lengua portuguesa: Tabacaria. Aquí pueden leer sobre Fernando Pessoa.

Hoy es catorce de febrero, un día en el que todas las parejas (y todos los amores, que no siempre son lo mismo) sienten la necesidad (social y personal) de celebrar su sentimiento. Muchas de las cosas que hacemos en días como éste son, ciertamente, ridículas; esdrújulas ridiculeces, parte de la vida, porque “al fin y al cabo sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor son ridículas”. Entregarse al amor es entregarse al riesgo, a la incertidumbre y al vacío que llena el otro. Estamos conscientes, todas estas muestras de amor (sobre todo las que hacemos en días como hoy) son ridículas, sino no serían muestras de amor.

Disfruten el día, entonces, como disfrutarían cualquier otro. Escriban cartas de amor, tanto o más ridículas que las que jamás han escrito y leído, arriésguense y hagan el ridículo, porque si hay algo por lo que vale la pena hacerlo, es por amor. Si eso fracasa, siempre tendrán el amor después del amor, y seguirá la vida, siempre sigue. Los catorce de febrero no permiten a las parejas sentirse tan únicas como ellas creen serlo; como dice Clarice Lispector, de lo que no estamos conscientes (y que parecemos notar levemente en días como hoy) es de que “reinventamos la copia” en cada acto amoroso, en cada carta de amor, en cada relación y cada día.

@SaetasdeLuis

52. XXXI [Si digo a veces que las flores sonríen]

Poema #52.

XXXI.

Si digo a veces que las flores sonríen

y si dijese que los ríos cantan,

no es porque yo crea que hay sonrisas en las flores

y canciones en el correr de los ríos…

Es porque así hago sentir más a los hombres falsos

la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos.

 

Porque escribo para que ellos me lean, me sacrifico a veces

a su estupidez de sentidos…

No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo

porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la Naturaleza,

porque hay hombres que no perciben su lenguaje,

porque ella no es lenguaje alguno.

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa. Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino que sólo cursó la instrucción primaria, pero es considerado el maestro entre los heterónimos. Murió de tuberculosis después de vivir en casa de su tía-abuela con una modesta renta posterior a la muerte de su padre y madre. Es conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba el título y pregonaba una “no-filosofía”, creía que los seres simplemente son: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida. Poesía en un lenguaje estético directo, concreto, simple, pero bastante complejo desde el punto de vista reflexivo. Aquí pueden leer sobre Fernando Pessoa.

La lucidez de no pensar nada es, en ocasiones, necesaria para alcanzar ciertas revelaciones, para percibir lo que parece vedarse por el entendimiento, para sentir el lenguaje de aquello que no tiene lenguaje. Podemos creer que lo sabemos todo, y responder a las imágenes diciendo “pero las flores no sonríen”, “los ríos no cantan”, y nos negamos la revelación, “la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos”. Esta reflexión de Alberto Caeiro sobre su manera de hacer poesía y de “hacer sentir” la Naturaleza es una revelación del mundo que percibe, que siente.

El poeta confiesa su necesidad de ser leído por otros que, quizás, no lo entienden por tener sus sentidos nublados, como si hubiese salido del mito de la caverna, pero se negara a abandonar a los que siguen allí, queriendo interpretar la Naturaleza que él ve, y transmitirla a los “hombres falsos” que no la logran percibir. “No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo” nos confiesa, lúcido, confesándose sólo un intérprete de la Naturaleza.

@SaetasdeLuis