450. Cuestión de fe

Poema #450.

Cuestión de fe.

 

¿Cómo sería la luz de la madrugada

en que Abraham, el hombre de la cerrada fe,

subió al monte Moriah

llevando de la mano a su unigénito Isaac?

 

Tiene que haber sido una luz hondamente azul

como la de este amanecer: en aquel azul

Abraham imaginaba

la vibrante sangre de su hijo en el cuchillo.

 

La sangre vibra más en el azul.

Lo sé porque mi piel, de tan sola ahora,

segrega sangre en la palma de mi mano:

el primer milagro de mi día, o castigo,

por haber querido subir la cuesta de la montaña

con una muchacha (más hija que esposa).

 

Ella, al primer sol, huyó asustada,

me negó

su joven cuerpo para el sacrificio

y yo no pude demostrarle

mi fe neurótica a Dios.

 

José Watanabe.

Poeta y dramaturgo peruano. Nace en1946 y fallece en el año 2007. Es hijo de un inmigrante japonés y una campesina de la sierra peruana. Se trasladó a Lima a estudiar arquitectura, pero después de unos semestres la abandonó para dedicarse por completo a la literatura.

La luz de cada hora, el azul de cada cielo, el clima, los pájaros, todo influye en el día que vivimos, en las acciones que tomamos, en lo que somos. La historia de Watanabe comparte con gracia una cuestión de fe, una luz especial para obtener el joven cuerpo del amor, para sacrificar su dulzura. Y, sobre todo, una lamentación por lo que no se logró realizar, por ese ritual inconcluso.

@SaetasdeLuis

416. Me estoy riendo

Poema #416.

Me estoy riendo.

 

Un guijarro, uno solo, el más bajo de todos,

controla

a todo el médano aciago y faraónico.

 

El aire adquiere tensión de recuerdo

y de anhelo,

y bajo el sol se calla

hasta exigir el cuello a las pirámides.

 

Sed. Hidratada melancolía de la tribu errabunda,

gota

a

gota,

del siglo al minuto.

 

Son tres Treses paralelos,

barbados de barba inmemorial,

en marcha    3          3         3

 

Es el tiempo este anuncio de gran zapatería,

es el tiempo, que marcha descalzo

de la muerte                    hacia                  la muerte.

 

César Vallejo.

Poeta peruano, nace en 1892 y muere en París, en 1938. Publicó en Lima sus dos primeros poemarios, Los heraldos negros, y Trilce. En 1926 editó con Juan Larrea una fugaz revista que sólo llegó a dos números, titulada “Favorables París Poema”, a la que pertenece este texto, y que se puede leer aquí.

En el ejemplar del que extraigo este poema, Vallejo habla de la “poesía nueva”, de una poesía simple y humana, y critica a la poesía “pedante de novedad”, diciendo que se notan sus posturas, sus gestos forzados, su empeño por ser nueva. Lo nuevo siempre es relativo; nos estamos riendo de todas esas cosas, jugando con el lenguaje, con las palabras, con la poesía, y creando.

@SaetasdeLuis

268. Los heraldos negros

Poema #268.

Los heraldos negros.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Golpes como el odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… Yo no sé!

 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán talvez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

 

César Vallejo.

Poeta peruano nacido en 1892 y muerto en el año 1938 en París. Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX. Publicó en Lima sus dos primeros poemarios: “Los heraldos negros” (1918) y “Trilce” (1922). El primer poemario al que, por supuesto, pertenece este poema, tiene ciertos rasgos aún modernistas pero también aspectos que ya buscan diferenciarse con una voz personal e innovadora.

Hay versos o palabras que se vuelven absolutamente universales, que transmiten un sentimiento más allá de cualquier sentimiento personal. Eso pasa con el sencillo verso que repite en este poema: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!”. Golpes como estos nos dejan desamparados ante la vida que sucede, desorientados. Nos suceden a todos, de formas diferentes, sin importar la latitud ni la vida que llevemos. Vallejo refuerza con las repeticiones y el ritmo del poema la  expresión del dolor que nos causan estos heraldos negros. Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

@SaetasdeLuis

107. XVIII (Trilce)

Poema #107

XVIII (Trilce) 

Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora.

Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

César Vallejo

Escritor peruano. Nace el 16 de marzo de 1892.Es como una de las grandes figuras de la poesía hispana, Su poemario “Trilce” (1922)  se inscribe dentro de las primeras obras de vanguardia. Fue enjuiciado y encarcelado. Escapando de las persecuciones de que fue víctima en el Perú, recorrió Francia, Rusia y España. Entre sus poemarios se encuentran: “Los Heraldos Negros” (1918), “España, aparta de mí este cáliz”  y  “Poemas Humanos”, los dos últimos publicados después de su muerte. Trabajó como periodista, docente y traductor.  Fallece en París,  un viernes 15 de abril de 1930.

Por esa voz que trasciende… porque aún nos quedas, en tu voz, en tus versos. Gracias Vallejo.

@LauraAlessR

36. F

Poema #36.

F.

“Chawakon temenpachyr karazyr wane pururú,
nono warycha murer ypra yawan kanype”
“Me robaron las brasas y la miel y el cambur,
la tierra, la mujer y el hijo, pero no la furia del corazón”.
(Los chaymas ante el saqueo y despojo de los italianos).

no menguará el fragor no    menguará

hasta arrancarme de las entrañas

la última dulcedumbre
la postrer languidez
la sonrisa inefable que me tatuó en el alma la locura

no amainará el acoso      no amainará

hasta afincar las garras en los últimos sueños
y hacer trizas el cuenco de mis cantos más duros

 

Domingo Rogelio León

Escritor y poeta chayma, nació en Perú a las alturas de uno de los cerros del macizo de Turimiquire, en el municipio Acosta. Actualmente vive en el municipio Maturín, y su vida transcurre en el Complejo “Julián Padrón”; un hombre sencillo y virtuoso de cualidades admirables. Entre sus libros están: Kara-Maru y otros poemas (libro de 1961), Poemas y relatos (poesía y narrativa, de 1982), Alicascos (poemas de 1977), Manifestaciones escénicas, folclóricas y populares del Estado Monagas (2007) y otro poema largo, que insertó en el suplemento literario Pez de Plata, que lleva por nombre Warer Tandema (“El canto de la montaña”, No 44, del 26 de Septiembre de 2010). Este poema pertenece a su poemario Catador de cuchillos.

Este poema me traslada, con su epígrafe en chayma, a un espacio mágico, que fue hurtado sin razón. Los cantos que surgen de la raíz de un corazón, como protesta radical de vestigios de un ayer, de un querer que desgarra la piel, la desmenuza por las querencias y los sentimientos intactos de un verdadero poema. Domingo Rogelio León  nos hacer ver el vuelo de un pájaro libre, solo con su cielo sobrepasa los limites de un puente roto, del vulgar robo de una  cultura y la pasión de un pueblo que no olvida.

Aymara Infante.

(Contribución)