580. A los críticos católicos

Poema #580.

A los críticos católicos.

 

A menudo un poeta se acusa y se calumnia,

exagera, por amor, su propio desamor,

exagera, para castigarse, su propia ingenuidad,

es puritano y tierno, duro y alejandrino.

Es incluso demasiado agudo en los análisis de los signos

de las herencias, de las supervivencias:

tiene también un pudor excesivo en concederles

algo a la razón y a la esperanza.

Pues bien, ¡ay de él! ¡No hay un instante

de vacilación: basta con mencionarlo!

 

Pier Paolo Pasolini.

Escritor y cineasta italiano, nacido en 1922. Empezó a escribir poemas a los siete años de edad y publicó por primera vez a los diecinueve. Se matriculó en la Universidad de Bolonia, para estudiar Filosofía y Letras, a los diecisiete años. Lo reclutaron durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente se unió al partido comunista, del que fue expulsado dos años después a causa de su homosexualidad. Fue, además, reconocido guionista y director de cine. Fue asesinado el 02 de noviembre de 1975.

¿Qué es el poeta? Palabras que cobran su significado y otros, individuo colectivo que se articula dependiendo de la luz con la que se ve. ¿Cuánto puede ser cierto y cuánto falso? Es un tema recurrente de la teoría literaria, inagotable. Que corra el poema como un caudal propio, con sus palabras y su existencia, que cobre vida y se defienda solo, y que lo mismo sea capaz el poeta de hacer, acostumbrado a vaciarse para recibir lo que quiere transmitir, para ser lo que necesita ser, expresar.

@SaetasdeLuis

574. La forma del mundo

Poema #574.

La forma del mundo.

 

Si tiene el mundo la forma del lenguaje

y el lenguaje la forma de la mente,

la mente son sus plenos y vacíos

no es nada o casi y no puede salvarnos.

 

Así habló Papirio. Ya era noche

y llovía. Pongámonos a salvo,

dijo, y avivó el paso no advirtiendo

que era suyo el lenguaje del delirio.

 

Eugenio Montale.

Periodista, crítico musical y poeta italiano. Nace en Génova en 1896 y muere en Milán en 1981. Interrumpió sus estudios secundarios para estudiar canto, sirvió como oficial de infantería durante la Primera Guerra Mundial, en 1939 sus manifestaciones antifascistas hicieron que lo suspendieran como director del Gabinete Vieusseux, que dirigió desde 1929. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Palabras que surgen del delirio, de lo inesperado, y que calan como una lluvia que permea la permanencia. La idea, el sueño, el delirio, esa imagen que surge de la inexistencia y que abre un universo, el poema, y todas sus maneras posibles.

@SaetasdeLuis

356. Viento sobre la media luna

Poema #356.

Viento sobre la media luna.

 

El gran puente no llevaba hacia ti.

Te habría alcanzado hasta navegando

en las cloacas, a una orden tuya.

Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales

de los miradores, se iban agotando.

El hombre que predicaba bajo la Media Luna

me preguntó: “¿Sabes dónde está Dios?” Lo sabía

y se lo dije. Movió la cabeza. Desapareció

en un torbellino que arrastró a hombres y casas

y los alzó, muy altos, sobre la oscuridad.

 

Eugenio Montale.

Periodista, crítico musical y poeta italiano. Nace en Génova en 1896 y muere en Milán en 1981. Interrumpió sus estudios secundarios para estudiar canto, sirvió como oficial de infantería durante la Primera Guerra Mundial, en 1939 sus manifestaciones antifascistas hicieron que lo suspendieran como director del Gabinete Vieusseux, que dirigió desde 1929. Obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nobel de Literatura en 1975.

Hay media luna en Madrid. El gran puente no llevaba hacia ti. Aún desconozco hacia dónde lleva el camino. Sé dónde está Dios. El viento comienza a soplar.

@SaetasdeLuis

317. Leí hasta altas horas de la noche

Poema #317

Leí hasta altas horas de la noche

Olvidada de las cuentas del día
y flotando en el ritornello de la lluvia
y del silencio
.                                  leí hasta altas horas de la noche
.
Mientras el agua parodiaba
la paz de las tuberías
y los demás se entregaban a la brutalidad
del sueño
y cada quien se perdonaba
mascullando indecencias
y yo también con ellos
me conciliaba y parecía
.                                  leí hasta altas horas de la noche
.
así Eliot
en medio de elevadas transcendencias
registraba
el trivial placer de haber leído
.                                    hasta altas horas de la noche
.
Pero yo
profana y atea
de trascendencia ninguna
sólo me multiplico en milagros
cuando leo
.                                  hasta altas horas de la noche

Lo he decidido con todas las garras:
.                                  será el único hueso de la belleza
.                                  que no entregaré
.                                  ni en el postrero aliento.
Márgara Russotto

Nacida en Palermo, Italia, en el año de 1946. Russotto se ha desempeñado como poeta, profesora universitaria y crítico literario. Ha sido reconocida con el Premio de Poesía de la Bienal “José Rafael Pocaterra” por su obra Brasa (Fundarte, 1979); con el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal por Tópicos de la retórica femenina (Monte Ávila, 1993); y con el Premio de Poesía de la Bienal “José Antonio Ramos Sucre” por Épica mínima (UDO, 1996). También podemos mencionar los poemarios Restos del viaje (Monte Ávila, 1979), Viola d’amore (Fundarte, 1986) y Éxtasis. Poemas apócrifos de Sor Juana (El pez soluble, 2000).

La noche, siempre cómplice de la literatura, se refleja en el poema de Russotto como ese sitio seguro, ajeno a cualquier perturbación de la vida cotidiana que le roba a la mujer tiempo preciado para disfrutar los placeres de la lectura. La voz poética encuentra, entre el susurro de la lluvia y la quietud de la madrugada, una trinchera protegida por el sueño de los otros, un espacio en el que la vida alrededor carece de importancia y sólo en las páginas de un libro pueden ocurrir milagros, trascendencias; encuentra, además, un lugar al que resulta casi delictivo renunciar. El contrapunto entre la condición femenina que requiere espacios para nutrir el alma y los “deberes” impuestos a la misma por la sociedad son el pilar de este poema que sirve como alegato, manifiesto, protesta, que busca defender con arrojo el sentimiento de plenitud que regala leer “hasta altas horas de la noche”.

Ezioly Serrano.

(Contribución)

248. Siria

Poema #248.

Siria.

 

Decían en la Antigüedad que la poesía

es una escalera a Dios. Tal vez no lo sea

cuando me lees ahora. Pero lo supe el día

que por ti volví a encontrar mi voz, disuelto

en un rebaño de nubes y de cabras

revoltosas, que desde un risco acababan con las hojas

del ciruelo y la anea, y los rostros enflaquecidos

de la luna y del sol se fundían;

el motor estaba averiado y una flecha

de sangre sobre una roca señalaba

el camino de Alepo.

 

Eugenio Montale.

Poeta, periodista y crítico musical italiano. Nació en Génova en el año 1896 y falleció en Milán en 1981. Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto y posteriormente sirvió como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, señalándose que su obra reflejaba la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Montale dijo en una entrevista imaginaria que “la poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos“.

La poesía siempre ha sido una manera de conectarse con lo sagrado, de ascender -o descender- a ello. El viaje es también interno, a medida que vamos en la “escalera a Dios”, profundizamos en nosotros mismos. La poesía está en la vida, en la creación, en el recuerdo que (re)creamos. No es sólo el lector quien, a medida que lee, se acerca a sí mismo, se (re)conoce mejor, sino también el poeta cuando siente esos momentos, esos instantes que nos ayudan a encontrar la voz y nos (re)conectan con una memoria esencial, con esas imágenes que todos podemos reconocer, que nos señalan una vida colectiva, y de las que aprendemos, con las que ascendemos al espacio de lo sagrado.

@SaetasdeLuis

216. Mediterráneo

Poema #216.

Mediterráneo.

 

Antiguo, estoy embriagado por la voz

que brota de tus bocas cuando se abren

como verdes campanas y se repelen

hacia atrás, disolviéndose.

La casa de mis veranos juveniles

-lo sabes- estaba a tu lado

allá en la tierra donde el sol calcina

y oscurecen el aire los mosquitos.

Hoy como entonces ante ti permanezco

inmóvil, mar, mas no me creo

digno ya de la solemne admonición

de tu aliento. Me dijiste primero

que el pequeño fermento

de mi corazón no era sino un instante

del tuyo, que en el fondo de mí

estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso

y fijo al mismo tiempo,

para librarme así de toda suciedad,

como tú cuando arrojas a tus playas

entre estrellas de mar, corchos y algas

las inútiles sobras de tu abismo.

 

Eugenio Montale.

 

Poeta, periodista y crítico musical italiano. Nació en Génova en el año 1896 y falleció en Milán en 1981. Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto y posteriormente sirvió como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, y se señaló que su obra reflejaba la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Montale dijo en una entrevista imaginaria que “la poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos“.

No es el mismo mar nuestro Caribe, al que estamos acostumbrados los venezolanos, que el Mediterráneo. No es el mismo mar en muchos aspectos, aunque podamos compartir algunas perspectivas y algunos arquetipos, como el del hombre que se sienta a ver el horizonte, anhelando su tierra. Sus antigüedades son distintas, sus tonos, su voz. Sin embargo, leo el poema de Montale y pienso en el Antiguo sobre cuyas playas tantas veces he estado, en la casa de mis veranos juveniles y todo lo que involucra. Recuerdo las veces que me he detenido en sus fronteras a conversar, y a escuchar su voz, recuerdo lo que traía y lo que llevaba, así como su fijeza, y su constante movilidad. Son muchas las lecciones que nos da el mar, ese abismo que se pierde en el horizonte.

No somos dignos de todo lo que es el mar, no podemos comprenderlo ni expresarlo, aunque en algunos poemas -como éste- y en pocas palabras, se muestre el mar que todo hombre lleva dentro, reflejado en el mar exterior. Aún así, el Mediterráneo, insisto, tiene otras historias que contar, otras vivencias, que las de nuestro Caribe. Asomarse a cada uno de estos abismos nos da una visión diferente, pero es la misma arriesgada ley: ser enorme y diverso y fijo al mismo tiempo.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“Odiseo y Calipso” de Arnold Böcklin (1883)

164. [Vendrá la muerte y tendrá tus ojos]

Poema #164.

 

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne

sorda, como un antiguo remordimiento

o un vicio absurdo. Tus ojos

serán palabra vana,

un grito retenido, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando te inclinas, sola, ante

el espejo. Oh amada esperanza,

ese día también nosotros sabremos

que eres la vida y eres la nada.

 

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como abandonar un vicio,

como mirar en el espejo

la aparición de un rostro muerto,

como oír unos labios sellados.

Mudos bajaremos al abismo.

 

Cesare Pavese.

Estudió filología inglesa en la universidad de Turín y posteriormente se dedicó a traducir a numerosos escritores norteamericanos, así como a escribir crítica literaria. Sus escritos antifascistas, publicados en la revista “La cultura” lo llevaron a la cárcel, y durante la II Guerra Mundial formó parte de la Resistencia antifascista. Nació en 1908 y se suicidó en 1950, agobiado por la depresión y el desengaño del “oficio de vivir”. Este poema pertenece al libro homónimo, “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (1951).

“Para todos tiene la muerte una mirada”, ¿Cuál será la mirada que nos cierre los ojos? ¿La última luz que veamos? Resulta interesante pensar qué ojos nos gustaría que tuviese la muerte cuando venga a bajarnos al abismo, y cuáles tendrá probablemente. Quizás, en un gesto de amabilidad final, la muerte nos permita la gracia de ver los ojos más amados, antes de no ver más nada. La esperanza siempre es, ciertamente, lo último que se pierde.

@SaetasdeLuis