302. Los nombres del agua

Poema #302.

Los nombres del agua.

 

Señora, la lluvia

es una palabra demasiado hermosa.

¿Piensa acaso que su gris pluvioso basta

para evocar lo que usted, con sus versos, no acierta?

 

No respondía: “la lluvia es más bien un estado de ánimo.

Digo lluvia, y oigo baladas,

la isla de Mallorca desgranándose

en el pianito de Chopin tosiendo.

 

Oh siempre llueve sobre la villa francesa

como llueve sobre su corazón, en el poema”.

Plagia, Señora, a la naturaleza primero,

luego al are. La lluvia, no sus versos, es la bella.

 

¿No ha ensayado otros nombres? Por ejemplo, chubasco.

Menos dentro de un lienzo impresionista: algo

que suena más real, de menos pretensiones.

Chubasco es algo alegremente próximo.

 

¿Se disgusta? Llovizna entonces: es como una fina

lámina, transparente como el velo de una niña.

Tiene un poco de bruma, más ligera.

Se alza, y enseguida se ve mejor la tarde.

 

O aguacero, cubano, hecho de nada y prisa.

Irrumpe, alegre y hondo, saca su olor al borde

de la calle. Limpia, y cesa de súbito

igual que entró. ¡Qué gusto su visita!

 

Luego está el chaparrón. ¿Qué, grosero, interrumpe

a la madre que vuelve cansada del trabajo

retardando el regreso? ¿Pero y los chiquillos

que se empapan, que juegan? Chaparrón es delicia.

 

En fin, me rindo. Lluvia: es un clásico.

Esa sonoridad no la mejora nadie. Y luego es un problema

también de tiempo. Lluvia es algo más lento,

más íntimo. Vidriera de niños, lluvia es que está lloviendo.

 

Agua, arriba y abajo, dentro, afuera,

lenta, impetuosa, terca, que prosigues

sin fin, por siempre, por sobre toda pérdida.

¿Qué sabes, agua? Por favor, no lo digas.

 

Fina García Marruz.

Poeta e investigadora cubana nacida en el año 1923. Ha recibido numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional de Literatura de su país (1990), el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2007) y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011). Participó en el grupo Orígenes durante los años 1944-1956. Este poema pertenece a sus “Nociones elementales y algunas elegías”, a la parte final que llama “Segundas partes…”

¿Qué sabes, agua? Los lugares comunes  se encuentran por todos lados, son fáciles de utilizar y evocan una carga completa por sí mismos, una chispa que no es nuestra: son un plagio, en primera instancia, de la naturaleza; luego, de toda la historia del arte anterior a nosotros. Sin duda son, en muchos casos, palabras con una sonoridad inmejorable, aunque generales. Quizás, en ocasiones, conviene ir un poco más allá y pensar más en lo que queremos describir: una tormenta, un chubasco, un chaparrón, un palo de agua o un aguacero. Son sutiles sus diferencias, diferencias que inclusive puede que el mismo diccionario no delimite, pero que sabemos distintas, que hemos vivido de manera diferente y que generan algo particular en nosotros y en nuestra memoria.

El poema es un soliloquio en el que se explora la diferencia en algunos de los nombres del agua. Sin duda lluvia es una palabra hermosa, un genérico evocador que permite que nuestra imaginación vuele. Ensayemos otras palabras, hablemos de lo que sabe el agua, del significado secreto, íntimo, de cada uno de sus nombres.

@SaetasdeLuis

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296. Escalera para incendios

Poema #296.

Escalera para incendios.

 

He perdido las esperanzas

de que usted comprenda ciertos crepúsculos

-humanos, me refiero-,

aprenda a sumar, y mucho menos que llegue

a las tablas de la multiplicación.

 

He perdido las esperanzas

de que se distraiga algo de la clase,

distinga el rostro de su vecino

o se deje olvidado el paraguas.

 

He perdido las esperanzas

de que olvide mi nombre,

conjugue algunos verbos irregulares

que están en toda regla

y no se fíe de pronósticos adversos

 

cuando parece haber buen tiempo.

 

Fina García Marruz.

Josefina García-Marruz Badía, poeta e investigadora cubana nacida en el año 1923. Ha recibido numerosas distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional de Literatura de su país (1990), el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2007) y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011). Participó en el grupo Orígenes durante los años 1944-1956. Este poema pertenece a sus “Nociones elementales y algunas elegías”, donde quiere valorar a la escuela básica o elemental, y volver a esos principios de gramática y asombro por el lenguaje, para así escribir sus textos poéticos.

Además, y por supuesto, de la (des)dicha de la esperanza, está la manera de respirar cuando la perdemos, el alivio. Uno tiene la esperanza, en ocasiones, de que el otro comprenda, aprenda a ver, se dé cuenta de las cuestiones más elementales. Cuando todo parece fallar, cuando sólo queda la escalera para incendios, uno se lamenta un poco por aquél que no quiso aprender. Y, en un último aliento, ennumera todo lo que no se ha aprendido, lo que no es -ni quiere ser- el otro. He perdido la esperanza de que usted se distraiga algo de la clase, de que no se fíe de pronósticos adversos, de que comprenda, sume y multiplique. Al salir, recuerde apagar la luz.

@SaetasdeLuis