538. Zanahoria rallada

Poema #538.

Zanahoria rallada.

 

El primer suicidio es único.

Siempre te preguntan si fue un accidente

o un firme propósito de morir.

Te pasan un tubo por la nariz,

con fuerza,

para que duela

y aprendas a no perturbar al prójimo.

Cuando comienzas a explicar que

la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida

o que lo haces

para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,

ya te han dado la espalda

y están mirando el tubo transparente

por el que desfila tu última cena.

Apuestan si son fideos o arroz chino.

El médico de guardia se muestra intransigente:

es zanahoria rallada.

Asco, dice la enfermera bembona.

Me despacharon furiosos,

porque ninguno ganó la apuesta.

El suero bajó aprisa

y en diez minutos,

ya estaba de vuelta a casa.

No hubo espacio donde llorar,

ni tiempo para sentir frío y temor.

La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.

Cosas de niños,

dicen,

como si los niños se suicidaran a diario.

Busqué a Hammett en la página precisa:

nunca diré una palabra sobre tu vida

en ningún libro,

si puedo evitarlo.

 

Miyó Vestrini.

Nació en 1938 en Francia, como Marie-Jose Fauvelles y emigró a Venezuela siendo una niña, con su hermana mayor, su madre y el segundo marido de esta, de apellido Vestrini. Se suicidó en el año 1991 dejando dos libros de poesía inéditos. Desde muy joven se dedicó al periodismo cultural y formó parte del grupo Apocalipsis en los años 60, en Maracaibo, también de El techo de la ballena y de la República del Este. Obtuvo el Premio de Periodismo en los años 1967 y 1979.

Sobresalta un parecido muy claro con Sylvia Plath, y otras poetas que han escrito de la forma en la que ella lo hace. Como si la intensidad de sus emociones tuviese una canalización tan potente en la poesía que inevitablemente nos dejase absortos y fascinados ante el abismo del que parecen provenir, ante todo lo que contemplan sus declaraciones; un ímpetu imposible de canalizar, una firmeza y sinceridad desgarradoras, hechas poema. La manera tan cercana y decidida, trivial y cínica, con la que habla de la muerte, con la que toma el control de ella me resulta sobrecogedora. Es como si tomase en sus manos el control absoluto de su vida, a través de la muerte.

@SaetasdeLuis

204. Mutaciones

Poema #204.

Mutaciones.

 

Mi corazón diseminado en todos los puertos, con la palabra abierta en el oleaje. Me levanto y escucho voces extrañas. Tomo por confidentes a las olas, digo flores como dinamita sin contaminaciones peligrosas. Sin embargo, algo ocurre ahora y siempre.

Atento a los movimientos del sol, nunca oí los pájaros. Súbitamente desperté frente a mí. Allí se prolongaban tejidos secretos, sueños de una vida anterior. Cierta madrugada que no termina nunca y un mismo grito de la sangre.

Estoy separado de mí mismo. Señor de los árboles, el viento se inclina entre las hierbas. Soy de los últimos guerreros. Armado hasta la muerte. Vigilando un horizonte que no es más que la memoria.

Rumor de ola cerrada. Soplo de peces más antiguos que la vida. Y el oro de la luna bajo una lluvia demente.

 

César David Rincón.

Poeta, crítico, ensayista y narrador venezolano, nacido en Maracaibo en 1938, donde fallece en 1992. Publicó varios libros de poesía, algunos que quedaron inéditos y que fueron publicados por la revista “Puerta de Agua” en el año 1992 en un tomo de “Poesía completa”. Perteneció a los grupos literarios Apocalipsis y 40 grados a la sombra. Apocalipsis fue un grupo literario zuliano que existió entre 1955 y 1958, se propuso romper con la poesía zuliana del momento, representada principalmente por los continuadores del legado de Udón Pérez. Fue una generacion renovadora para las letras zulianas, y de las agrupaciones que se esforzaron por introducir el surrealismo a la poesía nacional. La revista El Salmón realizó una interesante compilación al respecto.

Mutaciones que nos llevan al Apocalipsis. Cambios constantes en lo que somos, en lo que se es. La realidad vista de otra manera, vista a través de los puertos que se repiten, de lo que vuelve a ocurrir y de lo que altera la realidad, como si las imágenes se superpusieran unas a otras y nos dieran una realidad que es muchas y ninguna, que es ahora y siempre. Los días pasan y mutan, se mantiene el rumor, siempre distinto, de las olas; se mantiene el horizonte que vigilamos, y nuestra memoria.

@SaetasdeLuis