354. Kyrie

Poema #354.

Kyrie.

 

A veces, mi vida abría los ojos en la oscuridad.

Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,

que pasan por las calles camino de un milagro,

mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.

 

Como el niño que se duerme con miedo

escuchando los pasos pesados del corazón.

Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la

cerradura

y se abren las puertas de la oscuridad.

 

Tomas Tranströmer.

Psicólogo, traductor y escritor sueco nacido en Estocolmo en 1931. En el año 2011 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura “porque a través de sus imágenes condensadas y translúcidas nos permite el acceso a la realidad”. Su obra ha sido traducida a más de 50 lenguas. Este poema pertenece a su segundo poemario, “Secretos en el camino”, de 1958.

Oscuridad y luz: pueden ser tanto grandes e inasibles conceptos, como realidades cercanas y que todos conocemos bien. Nos definimos y nos situamos entre sus extremos, que nos resultan inevitables, y nos inclinamos hacia alguno en particular. La oscuridad suele hacerse eterna cuando somos niños, cuando su enigma y su imposibilidad nos aterran y no podemos dejar ni una luz encendida. Nos encontramos, entonces, con la quietud, nuestros latidos, y todos los sonidos que la componen, hasta que vuelve la mañana. De adultos, puede que nos pase esto también con la luz, en la que también es posible perderse.

Los invito a indagar sobre el título del poema.

@SaetasdeLuis

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