290. Puerto

Poema #290.

Puerto.

 

Era perversa

con mi botín de hombres.

 

Él me retuvo…

 

En mis manos

no pesaban sus manos

de riqueza impoluta.

 

Y eran dos

llamaradas de ternura

sus ojos.

 

Despertó en mi vida

como un índice

de soldadura.

 

El alba ya no pudo negarme.

 

Y el amor era una hostia

gritada de milagro.

 

María Calcaño.

Nació en Maracaibo en 1906, se casó a los 14 años y ya a los 27 tenía 6 hijos. Fallece cincuenta años después, en 1956 a causa de un cáncer pulmonar. Mantiene a lo largo de su obra una temática erótica y subversiva ante una sociedad que la tildó de inmoral por su primer poemario, “Alas fatales” (1935) al que pertenece este poema.

Son pocas las palabras que me atrevo a decir en cuanto a este poema, que habla por sí mismo con claridad y elocuencia. Navegar implica riesgos, sí; también detenerse. La perversidad de la mujer se transforma al estar en las manos adecuadas. Todo cambia: la oscuridad se convierte en luz, y tanto es así que lo habitual se transforma: ya el alba no puede negarla, ya las manos del otro no pesan, y finalmente puede amanecer. Llega alguien que puede tenerla, tenerla toda. Siempre hay un puerto al que arribar. En cada verso hay mucho más de lo que dice la superficie de este poema.

@SaetasdeLuis

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