216. Mediterráneo

Poema #216.

Mediterráneo.

 

Antiguo, estoy embriagado por la voz

que brota de tus bocas cuando se abren

como verdes campanas y se repelen

hacia atrás, disolviéndose.

La casa de mis veranos juveniles

-lo sabes- estaba a tu lado

allá en la tierra donde el sol calcina

y oscurecen el aire los mosquitos.

Hoy como entonces ante ti permanezco

inmóvil, mar, mas no me creo

digno ya de la solemne admonición

de tu aliento. Me dijiste primero

que el pequeño fermento

de mi corazón no era sino un instante

del tuyo, que en el fondo de mí

estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso

y fijo al mismo tiempo,

para librarme así de toda suciedad,

como tú cuando arrojas a tus playas

entre estrellas de mar, corchos y algas

las inútiles sobras de tu abismo.

 

Eugenio Montale.

 

Poeta, periodista y crítico musical italiano. Nació en Génova en el año 1896 y falleció en Milán en 1981. Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto y posteriormente sirvió como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975, y se señaló que su obra reflejaba la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Montale dijo en una entrevista imaginaria que “la poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos“.

No es el mismo mar nuestro Caribe, al que estamos acostumbrados los venezolanos, que el Mediterráneo. No es el mismo mar en muchos aspectos, aunque podamos compartir algunas perspectivas y algunos arquetipos, como el del hombre que se sienta a ver el horizonte, anhelando su tierra. Sus antigüedades son distintas, sus tonos, su voz. Sin embargo, leo el poema de Montale y pienso en el Antiguo sobre cuyas playas tantas veces he estado, en la casa de mis veranos juveniles y todo lo que involucra. Recuerdo las veces que me he detenido en sus fronteras a conversar, y a escuchar su voz, recuerdo lo que traía y lo que llevaba, así como su fijeza, y su constante movilidad. Son muchas las lecciones que nos da el mar, ese abismo que se pierde en el horizonte.

No somos dignos de todo lo que es el mar, no podemos comprenderlo ni expresarlo, aunque en algunos poemas -como éste- y en pocas palabras, se muestre el mar que todo hombre lleva dentro, reflejado en el mar exterior. Aún así, el Mediterráneo, insisto, tiene otras historias que contar, otras vivencias, que las de nuestro Caribe. Asomarse a cada uno de estos abismos nos da una visión diferente, pero es la misma arriesgada ley: ser enorme y diverso y fijo al mismo tiempo.

@SaetasdeLuis

Trazos de la memoria

“Odiseo y Calipso” de Arnold Böcklin (1883)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s