194. Extravío de aureola

Poema #194.

Extravío de aureola.

 

-Pero, ¿cómo? ¿Tú por aquí, querido? ¡Tú en un lugar de perdición! ¡Tú, el bebedor de quintaesencias! ¡Tú, el comedor de ambrosía! En verdad, tengo de qué sorprenderme.

-Querido, ya conoces mi terror de caballos y de coches. Hace un momento, mientras cruzaba el bulevar, a toda prisa, dando zancadas por el barro, a través de ese caos movedizo en que la muerte llega a galope por todas partes a la vez, la aureola, en un movimiento brusco, se me escurrió de la cabeza al fango del macadán. No he tenido valor para recogerla. He creído menos desagradable perder mis insignias que romperme los huesos. Y además, me he dicho, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo pasearme de incógnito, llevar a cabo acciones bajas y entregarme a la crápula como los simples mortales. ¡Y aquí me tienes, semejante a ti en todo, como me estás viendo!

-Por lo menos deberías poner un anuncio de la aureola, o reclamarla en la comisaría.

-No, a fe mía. Me encuentro bien aquí. Sólo tú me has reconocido. Por otra parte, la dignidad me aburre. Luego, estoy pensando con alegría que algún mal poeta la recogerá y se la pondrá en la cabeza impúdicamente. ¡Qué gozo hacer a un hombre feliz! ¡Y, sobre todo, feliz al que me dé risa! ¡Piensa en X o en Z! ¡Vaya! ¡Sí que va a ser gracioso!

 

Charles Baudelaire.

Poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época, quien rompió con las formas poéticas clásicas y se adelantó a su tiempo, compartiendo opiniones sobre la modernidad, el arte, la cultura y la poesía. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París, libro del que ya hay dos poemas más en Trazos de la memoria.

El poeta que pierde la aureola, que pierde ese halo de misticismo y dignidad que cubría a los poetas clásicos y consagrados, un poeta que se adscribe a un nuevo tiempo en el que es parte de los “simples mortales” y puede pasear de incógnito, entregándose a todo tipo de placeres mundanos. El poema expresa el zeitgeist, el espíritu de su tiempo, en el que la aureola de los poetas cae y pierde importancia, y ellos comienzan a hablar de cuestiones más cercanas a la cotidianidad, a lo que sienten y viven los hombres en todos los lugares, en cualquier momento. Pero siempre habrá alguien que recoja esa aureola del barro y se la quiera colocar, sin obtener un buen resultado, pues ni siquiera le pertenece, y no le encaja sino para dar risa. El poeta anda por el mundo sin aureola, es parte de la vida cotidiana.

@SaetasdeLuis

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2 pensamientos en “194. Extravío de aureola

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