145. La palabra

Poema #145

La palabra

Aquel niño vivía serenamente
en su rincón de sombra provinciana. A la orilla
del mar, había aceptado la realidad y, bajo las estrellas,
la noche era solemne, dura y sola.
No recordaba ya sino navíos,
sino cansancio y faros a lo lejos. Tendido,
el mar se confundía con el hombre: bastaba
un soplo,
cerrar los ojos un instante, y perezosamente
todo el paisaje se desmoronaba,
daba lugar a sombras sucediéndose, o mejor,
era la muerte lo que sucedía.

¿Cómo salvarse entonces, vigilante
entre el terror y la serenidad?
¿Qué respuesta entregar a la noche, a lo desvanecido,
sino el relato privado de un proceso, efímero
como la misma infancia insolidaria?

A solas, juez y parte de la historia extinguida,
buscó en sí mismo la noticia exacta
de lo desconocido.
Y nació la palabra. Sólo entonces,
con negación y sin remordimientos,
halló una certidumbre verdadera.

 Carlos Sahagún 

Poeta español.  Nació el 4 de junio de 1938. Cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid. Ejerció la docencia como Catedrático de Lengua y Literatura Españolas en Segovia, Barcelona. Obtuvo los premios: Adonais en 1957, Boscán en 1960, Juan Ramón Jiménez en 1974, Provincia de León en 1978 y Nacional de Literatura en 1980. Su obra poética consta de cuatro poemarios: “Profecías del agua”, “Como si hubiera muerto un niño”, “Estar contigo” y “Primer y último oficio”.

Crear con el idioma, esa maravilla que hacen los escritores. Reinventarse, una y otra vez en la palabra escrita, trascendiendo. Esas historias que aguardan suspendidas por un poeta, por un novelista, cuentista, por un hombre que se da a la tarea de darles espacio, tiempo y trabajo; historias, imágenes que encuentran en la letra de un sujeto su pasaje a la inmortalidad. No perder la fuerza y trabajar diariamente por el lenguaje, por la magia de la palabra y el poder de llegar a otros a través de un libro.

Gracias a todos esos escritores, que enseñan que el mejor de los viajes se inicia entre las páginas de un libro. ¡Feliz día del libro y del idioma!

@LauraAlessR


144. Terredad

Poema #144.

Terredad.

 

Estar aquí por años en la tierra,

con las nubes que lleguen, con los pájaros,

suspensos de horas frágiles.

A bordo, casi a la deriva,

más cerca de Saturno, más lejanos,

mientras el sol da vuelta y nos arrastra

y la sangre recorre su profundo universo

más sagrado que todos los astros.

 

Estar aquí en la tierra: no más lejos

que un árbol, no más inexplicables;

livianos en otoño, henchidos en verano,

con lo que somos o no somos, con la sombra,

la memoria, el deseo, hasta el fin

(si hay un fin) voz a voz,

casa por casa,

sea quien lleve la tierra, si la llevan,

o quien la espere, si la aguardan,

partiendo juntos cada vez el pan

en dos, en tres, en cuatro,

sin olvidar la parte de la hormiga

que siempre viaja de remotas estrellas

para estar a la hora en nuestra cena,

aunque las migas sean amargas.

 

Eugenio Montejo.

Hemos publicado varios posts sobre Eugenio Montejo. Fue redactor-fundador de las revistas Zona Tórrida y Poesía. Habló de la poesía como “la última religión que nos queda”, y dice en una entrevista que le hizo Miguel Szinetár que es un “substratum de lo que fue en algún tiempo lo sagrado en la tierra. Una especie de isla de salvación, de conexión con algo arcaico que hace que el hombre sea hombre y que ha desaparecido o tiende a desaparecer. Pero también la poesía se experimenta como maldición, como esclavitud de las palabras. Entre esos dos polos uno oscila.”

La terredad es un concepto y un tema que se siente profundamente arraigado en su obra, así como las imágenes de la Tierra (como planeta) y la tierra (como conexión inmediata, elemento), tanto así que llega a afirmar en otro poema que “a veces creo que soy un árbol”, y en un día para celebrar a la Tierra, para recordar sus bendiciones y su presencia, siempre sólida debajo de nosotros, es inevitable pensar en Eugenio Montejo. Estamos aquí, por años y a la deriva, “no más lejos que un árbol, no más inexplicables”, y nuestra presencia resulta igual de importante que la de la hormiga que viaja hasta nuestro encuentro, que las migas que reparte el universo, aunque sean amargas. Estamos en la Tierra, y eso es todo; estamos, somos.

@SaetasdeLuis

143. El agua ensimismada

Poema #143

El agua ensimismada

                                                    Para Edison Simons

El agua ensimismada
¿piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?

María Zambrano

Filosofa, ensayista y poeta española nacida el 22 de abril de 1904. Realizó sus primeros estudios en Segovia. En Madrid estudió Filosofía y Letras con  García Morente y Ortega y Gasset. Finalizada la Guerra Civil, salió de España, exiliándose inicialmente en París, allí conoció a Albert Camus y René Char. Luego vivió en México, La Habana y Roma, escribiendo algunas de sus obras más importantes: “Los sueños y el tiempo”, “Persona y democracia”, “El hombre y lo divino”,  “Pensamiento y Poesía”, entre otros. En 1988 fue reconocida su obra con  el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Cervantes. Falleció en Madrid, el 6 de febrero de 1991.

Reflexionar… Lo elemental se considera detenidamente a sí mismo. ¿Puede la materia pura volver hacia sí misma? Cuando ella cambia, se transforma, entonces reflexiona. ¿Se piensa o se sueña? Se piensa porque reconoce su origen o se sueña porque algún mensaje originario ha quedado en su materia, un mensaje que no sucumbe ante el cambio. ¿Al contemplarse se reconoce? Quedará en nosotros algo de memoria elemental, ¿nos reconocemos?

@LauraAlessR

142. ¿Qué se ama cuando se ama?

Poema #142.

¿Qué se ama cuando se ama?

 

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida

o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué

es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,

o este sol colorado que es mi sangre furiosa

cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

 

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer

ni hay hombre sno un solo cuerpo: el tuyo,

repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces

de eternidad visible?

 

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra

de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar

trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,

a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

 

Gonzalo Rojas.

Anteriormente publicamos un poema de este poeta chileno (1917-2011), cuya vasta obra literaria se enmarca dentro de las vanguardias literarias latinoamericanas y el surrealismo. Fue profesor en universidades chilenas y extranjeras, e inclusive dio clases en la Universidad Simón Bolívar de Venezuela. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Su obra se ve extensamente marcada por la presencia de la(s) mujer(es).

Alguna vez todos nos hemos preguntado qué es lo que se ama cuando se ama. En los mejores de los casos, no podemos responder certeramente a la pregunta, pues el misterio está presente, y es un misterio que nos lleva hasta lo primigenio, hasta esa mujer ancestral y misteriosa a la que estamos condenados, esa única que me diste en el viejo paraíso”. El poeta hace la pregunta a un Dios, preguntándose qué es lo que ama, si el amor mismo, si la hondura, los volcanes o algún momento en particular… Pero continúa preguntándose, porque nada le da una respuesta absoluta, no la hay. ¿Qué se ama cuando se ama? Sólo podemos continuar preguntándonoslo mientras ahondamos en la dicha, “en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez…”

@SaetasdeLuis

141. Como dedicatoria

Poema #141

Como dedicatoria

Deambulo entre las olas y me oculto en el bosque,
me imagino en esmalte.
Seguramente soportaré la despedida,
pero un encuentro contigo, lo dudo.

Anna Ajmátova

Poeta rusa (1889-1966). Comienza a escribir poesía a los 11 años. Formó parte del acmeísmo, corriente poética que rompía con el simbolismo (de carácter metafórico) reafirmando el valor semántico de la palabra. Esta corriente formaba parte del renacimiento intelectual en Rusia a principios del siglo XX. Su vida fue trágica ya que sufrió los embates de la revolución rusa de 1917.

Para ti, que no sabes de encuentros. Para mí, que no he aprendido sobre despedidas.

@LauraAlessR

140. Cálculo elegíaco

Poema #140.

Cálculo elegíaco.

 

Cuántos de los que he conocido

(si de verdad los he conocido)

hombres, mujeres

(si esta división sigue vigente)

han atravesado este umbral

(si esto es un umbral)

han cruzado este puente

(si se puede llamar puente).

 

Cuántos después de una vida más corta o más larga

(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia)

buena porque ha empezado

mala porque ha acabado

(si no prefirieran decirlo al revés)

se han encontrado en la otra orilla

(si se han encontrado

y si la otra orilla existe).

 

No me es dado saber

cuál fue su destino

(ni siquiera si se trata de un solo destino,

y si es todavía destino).

 

Todo

(si con esta palabra no lo delimito)

ha terminado para ellos

(si no lo tienen por delante).

 

Cuántos han saltado del tiempo en marcha

y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez mayor

(si merece la pena creer en perspectivas).

 

Cuántos

(si la pregunta tiene algún sentido,

si se puede llegar a la suma final

antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)

han caído en el más profundo de los sueños

(si no hay otro más profundo).

 

Hasta la vista.

Hasta mañana.

Hasta la próxima.

Ya no quieren

(si es que no quieren) repetirlo.

Condenados a un interminable

(si no es otro) silencio.

Ocupados sólo con aquello

(si es sólo con aquello)

a lo que los obliga la ausencia.

 

Wislawa Szymborska.

Poeta, ensayista y traductora polaca, nacida en 1923 y fallecida este año que corre. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1996 y recibió muchos otros premios significativos que reconocen su habilidad y minucioso trabajo de la poesía, con una obra poética que no es extensa pero sí muy consistente. En nuestros archivos se pueden conseguir varios de sus poemas.

El uso constante de los paréntesis en este poema le da otro tono y otro ritmo al mismo. Obliga a detenerse ante cada afirmación, hasta las más mínimas, como un simple “Todo” y cuestionarlas, y verlas desde otra perspectiva, e insertar la duda ante la verdad que puede contener cada verso. Es un cálculo que busca ser preciso, pero que para eso ha de recalibrarse muchas veces, ha de preguntarse cómo son las cosas, en especial porque el tema del que habla es todo incertidumbre (si es que hay algo) para quienes aún estamos del lado de la vida (si se puede decir tal cosa), y resulta inexpresable para quienes no (si aún se puede hablar de expresión). Sería, pues, un atrevimiento afirmar, sin todas esas dudas que pueblan el poema, un cálculo elegíaco. Son necesarios esos constantes paréntesis, esas notas a cada verso que afirma, esa incertidumbre que siempre tenemos ante el umbral (si es un umbral), ante el puente (si se puede llamar puente). Una elegía llena de dudas por aquellos que se van (si queremos creer eso) y son forzados a volverse ausencia y silencio (para nosotros).

@SaetasdeLuis

139. Cara a cara

Poema #139

Cara a cara

En febrero lo vivo estaba inmóvil.

Los pájaros preferían no volar y el alma

roía en el paisaje como un barco

roza en el muelle al cual está amarrado.

Los árboles nos daban la espalda.

La altura de la nieve se medía con juncos.

Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.

Se derretía el lenguaje bajo un toldo.

 …

Un día algo llegó hasta la ventana.

Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.

Los colores ardían. Todo se dio vuelta.

El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.

Tomas Tranströmer

Poeta sueco nacido en Estocolmo, el 15 de abril de 1931. Es psicólogo, poeta y traductor. Su obra ha sido traducida en más de 50 lenguas. Entre sus poemarios podemos nombrar: El cielo a medio hacer (1962), La barrera de la verdad (1978), La plaza salvaje (1983), entre otros. Ha sido galardonado con numerosos premios, entre los cuales destaca el Premio Nobel de Literatura 2011. Se dice que su poesía toma como temas importantes la cotidianidad y lo natural. Ya publicados aquí dos poemas de él: “De marzo del ’79″ y “Garabatos de fuego”.

Poesía que entra por la ventana. Allá fuera de pronto brilla el mundo, entonces que entren los colores a casa y que se renueve el lenguaje. Hablar, ser, sentir al compás de la naturaleza. Materia cambiante que nos enseña cómo vivir el tiempo. Cambiar con ella, morir y renacer con ella.

Bien es cierto que hay tiempos en que pareciera detenerse el mundo, lo vivo queda inmóvil y el lenguaje se derrite, aún en esos momentos el sentimiento habla acompasado a la naturaleza, tiene algo que decir tanta quietud. Sin embargo, se deviene el cambio y uno de repente levanta la mirada, la pausa es ahora salto, “algo llegó hasta la ventana”.

@LauraAlessR