85. Garabatos de fuego

Poema #85

Garabatos de fuego

En los meses sombríos centellaba mi vida

……. Sólo cuando hacía el amor contigo.

Como el cocuyo se enciende y apaga, se enciende y apaga

…..­- uno puede seguir su camino de a ráfagas

En la oscuridad de la noche, entre los olivos.

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En los meses sombríos el alma estuvo hundida

…… y sin vida

pero el cuerpo iba derecho a ti.

Mugía el cielo nocturno.

Nosotros ordenábamos a escondidas el cosmos y

………………………………………………. sobrevivíamos.

Tomas Tranströmer

Poeta sueco nacido en Estocolmo, el 15 de abril de 1931. Premio Nobel de Literatura 2011. Se dice que su poesía toma como temas importantes la cotidianidad y lo natural. Publicado anteriormente su poema “De marzo del ’79”.

En esta penumbra que inunda los días, en esta extensión de oscuridad, uno puede con suerte reconocerse en otro. Iluminar a ratos la existencia  y mantener ese equilibrio misterioso de la vida. Así, en un lienzo azabache dos pintan garabatos de luz. Dos en un mismo fuego reorganizan el mundo y sobreviven.

Sobre el Premio Nobel de Literatura de 2011 (en inglés):http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2011/

@LauraAlessR

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84. Llama de amor viva

Poema #84.

Llama de amor viva.

 

¡O llama de amor viva

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva

acaba ya si quieres,

rompe la tela de este dulce encuentro.

 

¡O cauterio suave!

¡O regalada llama!

¡O mano blanda! ¡O toque delicado,

que a vida eterna sabe

y toda deuda paga!,

matando muerte en vida la has trocado.

 

¡O lámparas de fuego

en cuyos resplandores

las profundas cavernas del sentido

que estaba obscuro y ciego,

con extraños primores

calor y luz dan junto a su querido!

 

¡Cuán manso y amoroso

recuerdas en mi seno

donde secretamente solo moras,

y en tu aspirar sabroso

de bien y gloria lleno

cuán delicadamente me enamoras!

 

San Juan de la Cruz.

 

Religioso y poeta místico del renacimiento español (1542-1591). Fue reformador de la Órden de los Carmelitas y cofundador de la Órden de los Carmelitas descalzos, junto con Santa Teresa de Jesús. Desde 1952 es considerado el santo patrono de los poetas en lengua española. Éste es considerado uno de sus tres “poemas mayores”, junto con Cántico espiritual y Noche oscura.

El poema tiene un subtítulo explicativo: “canciones del alma en la íntima comunicación de unión de amor de Dios”; se supone, pues, que los versos están dedicados a Dios, y que el éxtasis es puramente místico. La influencia bíblica (en especial del Cantar de los Cantares, altamente erótico) es notoria en San Juan de la Cruz, así como de la poesía culta y los cancioneros del Renacimiento español. Todo esto confluye en el poeta para escribir sus canciones íntimas y extáticas. El tópico de la llama del amor es recurrente, y el fuego simboliza constantemente la pasión amorosa, en este caso una pasión mística, divina.

En la tradición también existen múltiples ejemplos de unión entre la exaltación a la amada y a lo divino. Los trovadores hablaban de la amada como algo sagrado, y de lo sagrado como una amada; éste es el caso del poema de San Juan de la Cruz, que podría referirse tanto a Dios, como el poeta dice, como a una enamorada “donde secretamente mora” y “delicadamente lo enamora”. El éxtasis místico mantiene ese juego entre ambos temas, el poeta juega con eso, con el lenguaje, con el ritmo, para elaborar sus canciones.

@SaetasdeLuis

83. Sólo cuento con tus joyas…

Poema #83

Sólo cuento con tus joyas

…… idioma ajeno

…… mío.

….

…… Soy

……apenas

  …. un hombre que trata de respirar

…… por los poros del lenguaje.

……Un estigma,

…… a veces un intruso,

……en todo caso alguien fuera de papel.

…… Ahora sabes

……por qué debo sentarme solo.

Rafael  Cadenas

Poeta venezolano. Publicado anteriormente aquí, con los poemas: “Ars poética”,  “La búsqueda” y “Destruye / la retórica del amante…”.

Soy un intruso… Hay un tiempo para escribir y un tiempo para sentir. El lenguaje no se encuentra en mis manos. Está allí, afuera hablándome. Este es un tiempo de espera. Por ahora, solo me queda continuar sentada sola.

@LauraAlessR

82. Casi para un álbum

Poema #82.

Casi para un álbum.

Al escuchar un trueno, me recordarás

pensando: ella añoraba las tormentas…

En el cielo la franja será escarlata ardiente

y abrasará el corazón, como antes.

Eso ocurrirá un día en Moscú

cuando abandone la ciudad para siempre

y retorne al anhelado hogar

dejando entre ustedes sólo mi sombra.

Anna Ajmátova.

Poeta rusa (1889-1966), comenzó a escribir poesía a los 11 años; estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo, formó parte del acmeísmo. Sus dos esposos murieron en las purgas soviéticas y su hijo Lev pasó bastantes años en prisión, por ser disidentes. Su obra estuvo prohibida, fue censurada y se publicó íntegra en 1990 para el lector ruso. Marina Tsvietáieva le dedicó un ciclo de poemas, en uno de los cuales la proclama proféticamente “Musa del Llanto”.

Como una pequeña postal, la escritora plasma en este poema una imagen de sí, de ese recuerdo que trasciende a la sombra que será. La memoria es, siempre, caprichosa. Ajmátova estaba consciente de lo efímera que podía ser la vida en la Rusia de su época y, sobre todo, tentándola constantemente con su disidencia, con su escritura, con palabras. Palabras, sólo palabras, que tanto han temido siempre los dictadores, por las que tanto se preocuparon los líderes rusos. Son esas palabras las que trascienden la época y preservan el sentimiento que poblaba las calles de Rusia, las que están presentes “un día en Moscú”, y que continúan transmitiendo su mensaje años después. Palabras que supieron imponerse y mantenerse más allá de cualquier régimen.

Los detalles, cuya importancia en ocasiones  cuestionamos, se suman, como las palabras, convirtiéndose en mucho más que un verso, para hablar de una persona, de un destino, de una época entera. El llanto de Ajmátova trasciende el tiempo y el espacio porque es el llanto de su generación, un llanto conciente de que ella pasará “para siempre”, de que “abrasará como antes”, y de que recordaremos, sea por un trueno, un Perro Vagabundo o un poema sin héroe. Dejó entre nosotros no sólo su sombra, sino también sus palabras.

@SaetasdeLuis

81. La mirada I

Poema #81

La mirada I

No se puede mirar

lo que no se ha visto.

Ves una sola vez

pero miras por siempre.

Primero se abren los ojos

luego se asombran.

Pausides González

Poeta venezolano nacido en Caracas en 1962. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes. Su primer poemario “Cada despido del tiempo” fue publicado en Mérida en 1994. Obtuvo el Premio Fernando Paz Castillo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, mención Estudios Literarios, por su libro “La música popular del Caribe hispano en su literatura”. Este poema pertenece a su poemario “Libro del aire” publicado en 2007. Otro poema de él aquí.

Mirar… mirar para encontrar aquello que subyace en lo común, en lo corriente. Preservar la capacidad de asombro, esa inocencia secreta, que permite ser siempre el eterno aprendiz.  Soy apenas alguien que aprende a mirar. Ver, como siempre… y luego reconocer.

Lo que vemos queda en la memoria. Allí esperando el reconocimiento, cuando algo nos lleve por el camino de regreso para saberlo nuestro, para darle voz, cuerpo, forma.

Voy a valerme de esas cenizas que trae el viento para encender el fuego de mi pluma.

@LauraAlessR

80. Amor constante más allá de la muerte

Poema #80.

Amor constante más allá de la muerte.

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día;

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

 

mas no desotra parte en la ribera

dejará la memoria, en donde ardía;

nadar sabe mi llama el agua fría

y perder el respeto a ley severa.

 

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado

médulas que han gloriosamente ardido,

 

su cuerpo dejarán, no su cuidado,

serán ceniza, mas tendrá sentido,

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

Francisco de Quevedo.

 

Anteriormente publicamos otro soneto de Quevedo en Trazos de la memoria. Escritor español en el que se puede apreciar detalladamente lo que fue la España del Barroco, con su honor, sus vicios, su zeitgeist. Es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras memorables en otras áreas de la literatura. Fue caballero de la Órden de Santiago y vivió entre el favor y el desprecio de la corte, por los sonetos que escribía sobre los poderosos; en ocasiones halagadores, usualmente no.

Este soneto es reconocido como uno de los más hermosos de la lengua española. Se han escrito infinidad de comentarios al respecto de lo que dice, de su estructura, de todo lo que influye para que logre expresar, de manera tan grata, el amor. Son muchas las cuestiones que influyen en el ritmo del poema, y en todo el desarrollo del soneto que va creando un ambiente particular hasta el último terceto, en el que enuncia con claridad lo que el título ya dijo: un amor tan constante, tan apasionado, que “será ceniza, mas tendrá sentido, polvo será, mas polvo enamorado”… Y queda resonando la palabra final en nuestra lectura, manteniendo la sensación del poema.

Además de eso, el soneto plasma algunos de los tópicos recurrente de la poesía amorosa de la época, que definía el sentimiento del siglo, como el contraste entre la muerte y el amor, así como entre fuego y agua; el cruce del Leteo, la muerte que nos borra la memoria, la relación con aspectos de una mitología que no es la cristiana, pero que se mantiene en la escritura poética. Quevedo elabora uno de los más extraordinarios sonetos amorosos hablando de un amor ideal, un amor constante más allá de la muerte.

@SaetasdeLuis

79. Ciudad

Poema #79

Ciudad

Un llanto

un llanto de mujer

interminable,

sosegado,

casi tranquilo.

En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.

Primero un ruido de cerradura,

después unos pies que vacilan

y luego, de pronto, el llanto.

Suspiros intermitentes

como caídos de un agua interior,

densa,

imperiosa,

inagotable,

como esclusa que acumula y libera sus aguas

o como hélice secreta

que detiene y reanuda su trabajo

trasegando el blanco tiempo de la noche.

Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,

hasta los solares donde se amontonan las basuras,

bajo las cúpulas de los hospitales,

sobre las terrazas del verano,

en las discretas celdas de la prostitución,

en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,

con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,

en las medallas que reposan en joyeros de teca,

un llanto de mujer que ha llorado largamente

en el cuarto vecino,

por todos los que cavan su tumba en el sueño,

por los que vigilan la mina del tiempo,

por mí que lo escucho

sin conocer otra cosa

que su frágil rodar por la intemperie

persiguiendo las calladas arenas del alba.

Álvaro Mutis

Poeta y novelista colombiano nacido en Bogotá en 1923. Considerado uno de los grandes escritores hispanoamericanos contemporáneos. En 1953 aparece por primera vez su personaje Maqroll el Gaviero en el poemario: “Los elementos del desastre”, personaje  que acompaña al escritor a lo largo de toda su obra. Ente los premios que ha obtenido destacan: Premio Nacional de Letras de Colombia en 1974, la Orden de las Artes y de las Letras de Francia, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997 y y el Premio Cervantes en 2001.

¿Llora, entonces mi ciudad? Llora todo el día. Una de tantas noches despierta a un poeta. Y allí, en los lugares más oscuros y olvidados, los siempre vistos y nunca mirados, por donde se vive día a día la vida, se estremece el llanto de mujer.

Ella llora tranquila… y se extiende su murmullo por mí, por lo que de ella hay en mí. Es que la mujer de la habitación contigua, ella la inagotable, es para mí la mujer que admiro noches enteras desde mi ventana. Cuando las luces y el ruido de la cotidianidad se apagan, escucho que llora. Ella solloza tranquila como resignada. En ocasiones creo que nos ha perdonado, aunque aún le duela que la olvidáramos. Escucho que entra callada, y aunque la veo diariamente debo admitir, que la conozco solo cuando en silencio me permito recorrer con ella las calles de la intemperie.

Con su llanto despido a la noche, con su llanto despido su recuerdo. Si pudiéramos recordar que sufre durante el día, si pudiéramos cambiar. No quiero escuchar llorar a la mujer de mi ventana.

@LauraAlessR