79. Ciudad

Poema #79

Ciudad

Un llanto

un llanto de mujer

interminable,

sosegado,

casi tranquilo.

En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.

Primero un ruido de cerradura,

después unos pies que vacilan

y luego, de pronto, el llanto.

Suspiros intermitentes

como caídos de un agua interior,

densa,

imperiosa,

inagotable,

como esclusa que acumula y libera sus aguas

o como hélice secreta

que detiene y reanuda su trabajo

trasegando el blanco tiempo de la noche.

Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,

hasta los solares donde se amontonan las basuras,

bajo las cúpulas de los hospitales,

sobre las terrazas del verano,

en las discretas celdas de la prostitución,

en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,

con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,

en las medallas que reposan en joyeros de teca,

un llanto de mujer que ha llorado largamente

en el cuarto vecino,

por todos los que cavan su tumba en el sueño,

por los que vigilan la mina del tiempo,

por mí que lo escucho

sin conocer otra cosa

que su frágil rodar por la intemperie

persiguiendo las calladas arenas del alba.

Álvaro Mutis

Poeta y novelista colombiano nacido en Bogotá en 1923. Considerado uno de los grandes escritores hispanoamericanos contemporáneos. En 1953 aparece por primera vez su personaje Maqroll el Gaviero en el poemario: “Los elementos del desastre”, personaje  que acompaña al escritor a lo largo de toda su obra. Ente los premios que ha obtenido destacan: Premio Nacional de Letras de Colombia en 1974, la Orden de las Artes y de las Letras de Francia, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997 y y el Premio Cervantes en 2001.

¿Llora, entonces mi ciudad? Llora todo el día. Una de tantas noches despierta a un poeta. Y allí, en los lugares más oscuros y olvidados, los siempre vistos y nunca mirados, por donde se vive día a día la vida, se estremece el llanto de mujer.

Ella llora tranquila… y se extiende su murmullo por mí, por lo que de ella hay en mí. Es que la mujer de la habitación contigua, ella la inagotable, es para mí la mujer que admiro noches enteras desde mi ventana. Cuando las luces y el ruido de la cotidianidad se apagan, escucho que llora. Ella solloza tranquila como resignada. En ocasiones creo que nos ha perdonado, aunque aún le duela que la olvidáramos. Escucho que entra callada, y aunque la veo diariamente debo admitir, que la conozco solo cuando en silencio me permito recorrer con ella las calles de la intemperie.

Con su llanto despido a la noche, con su llanto despido su recuerdo. Si pudiéramos recordar que sufre durante el día, si pudiéramos cambiar. No quiero escuchar llorar a la mujer de mi ventana.

@LauraAlessR

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