91. Causa perdida

Poema #91

Causa perdida

Coloqué un vaso de agua en el asfalto.

Metí un cabello de mujer entre las hojas del periódico de hoy.

Traje un ciempiés a caminar sobre el archivo.

Escribí la letra i sobre un papel timbrado.

Le puse a ayer el nombre de mi amiga en vez de jueves.

Dejé un durazno sobre el radiador de un automóvil.

Rompí el espejo para ver el sol multiplicarse.

Jugué con un grano de arroz en la oficina.

Regalé una cucharita a mi vecino.

Y no dio resultado el saboteo.

Armando Rojas Guardia

Poeta venezolano. Nacido en Caracas en el año 1949. Publicados anteriormente aquí: “¿Y si fuera verdad..?” y “La noche del deseo”. Estudió en la Universidad Católica Andrés Bello, obteniendo el título de Licenciado en filosofía. Entre sus poemarios se encuentran: “Del mismo amor ardiendo” (1979), “Yo que supe de la vieja herida” (1985), “Hacia la noche viva” (1989),  “El esplendor y la espera” (2000), entre otros.

Hay noches en el que el sinsabor de esta cauda perdida se acuesta conmigo. Pero, me pregunto, qué es el poeta, el artista, si no ese encargado de  hacer ver, sonar o sentir esos detalles.  El encargado de hacer esa relación extraña entre objetos para jugar con el tiempo o con la cotidianidad. Ese sujeto que puede unir al ciempiés con el archivo y al durazno con el radiador, con la esperanza de que algo suceda. Y aunque a veces la causa parece estar perdida, él lo sigue intentando.

@LauraAlessR

90. [La memoria]

Poema #90.

La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás.

Eduardo Galeano.

La memoria

tiene sus rincones

espacios para poder llorar

y no rendirse.

Sus héroes verdaderos

esos que no nombramos

los que agotaron su aliento en cada pulso

aquí y allá

los que dieron paso a toda su sangre por una herida

los que no han dado forma a ninguna estatua

los de cruces desconocidas

los que nunca fueron encontrados

los que fueron hallados sin nombre, ni linaje

los que fueron ocultados

los que fueron soldados, ahora desconocidos

nos miran.

Con ojos que no caben en la muerte…

nos entregan una historia

una herida al sur

que nunca cicatriza.

 

María Alejandra Rendón.

 

Poeta y licenciada en educación, mención lengua y literatura, por la Universidad de Carabobo. Nació en Valencia, Venezuela, en 1986. Ha publicado “Sótanos” (2005) y “Otros altares” (2007).

En los rincones de la memoria, en la historia, en esos espacios donde tomamos aliento para seguir caminando con la herida abierta hay mucho más de lo que conscientemente conocemos. Para nosotros, que caminamos en una ciudad podrida, en un país que está lleno de “héroes verdaderos que no nombramos”, “que dieron paso a toda su sangre por una herida”, reconocer esta herida que no cicatriza y que recorre todo el sur, resulta importante.

Es una herida que nunca cicatriza, abierta, que nos separa y nos hace caminar por la vida como animales heridos, con nuestra historia sangrando. Los héroes verdaderos son, quizás, quienes ven “con ojos que no caben en la muerte”, que se atreven a denunciar y a hablar de lo que está en las calles y que agotan “su aliento en cada pulso”, haciendo lo que es posible para ellos, pequeños gestos con la esperanza de sanar la herida, mientras descansan en esos rincones, esos espacios para poder llorar y no rendirse, para seguir creyendo, creando, y haciendo lo (im)posible por un país que se escribe con V de violencia, dividido y cada día con más necesidad de sanar. No podemos callar ante la necesidad de conseguir una cura a esta herida que no cicatriza, una cura mediante el arte y la cultura, que denuncian y solucionan.

@SaetasdeLuis

La vejez

Poema selecto.

La vejez.

 

¿Acaso puedo sacudir esta historia arrugada con olor a polvo?

Peinando los hilos que la bordean recuerdo tardes de naftalina,

lámparas barrocas con bombillos en forma de vela, y la sala que gira

alrededor de los muebles que no cambian, que no se mueven.

 

¿Es el delirio de esta alfombra multicolor el que matiza mis sueños?

Estoy atrapado, de alguna forma, en este cuarto que da vueltas

Ventanas en todos lados, pero ninguna puerta. El espacio sacude

olores de antigüedad y una nube gris que me cierra los párpados.

 

Toso. Recuerdo. Sueño. Toso delirios de otros tiempos que se escabullen.

Sobre la alfombra, con los brazos y las piernas estirados, veo una luz que me ronda.

Es el tiempo: el ensueño envuelve mis recuerdos, y no es más que un sudario.

 

Juan Luis Mamen Llumás.

 

Especialmente reconocido por sus cuentos y novelas, pero también un notable poeta, Juan Luis Mamen Llumás nace en Argentina, en 1901 y muere en Lisboa, en 1986. Colaboró durante toda su vida en múltiples revistas en todo el continente latinoamericano, y publicó una veintena de libros en ediciones de poco tiraje que no se consiguen con facilidad. Ha sido antologado en algunas ediciones de literatura argentina, especialmente señalando sus relaciones con otros escritores como Jorge Luis Borges y Gonzalo Rojas.

Este poema, que a primera vista nos parece algo vetusto, algo cansado, algo desbordado, fue escrito cuando el poeta contaba con veinte años. Cuenta la anécdota que fue escrito para su abuelo, quien estaba cerca de la muerte, y en quien veía claramente la forma de la vejez, como justificación vital para hablar de un tiempo que no es más que una construcción en la que estamos atrapados: un reloj de arena que nos aplasta.

@Trazosdelamemoria

89. III

Poema #89

III

Eres

espléndida pérdida

por donde el tiempo fluye

o

se detiene

a mi antojo.

Elena Vera

Poeta y ensayista venezolana. Nació en Caracas en 1939. Obtuvo varios reconocimientos entre los cuales se pueden nombrar: Alfonsina Storni (1983), Premio Municipal de Literatura  (1986) y  Premio José Antonio Ramos Sucre (1980). Fallece en 1996. Publicado anteriormente su poema “VIII”.

La sencillez del poema, estos breves versos que evocan la pérdida. Me agrada su ritmo, es como si uno pudiera sentarse al final de cada palabra.

Este poema pertenece al poemario “De amantes”, de allí que esa “espléndida pérdida” sea entrega  al amante, al compañero.  Ese instante en que mientras se pierde paulatinamente el control de las cosas aún queda “mi antojo”.  Lo que doy, te lo doy al ritmo de mi deseo. Es simple, como cualquier ridícula carta de amor que termine diciendo: “persiste este antojo de seguir perdiendo contigo.”

@LauraAlessR

88. Definición del amor

Poema #88.

Definición del amor.

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien, centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor suave,

olvidar el provecho, amar el daño,

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño,

esto es amor; quien lo probó lo sabe.

 

Lope de Vega.

Fray Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), llamado “El fénix de los ingenios” fue poeta y dramaturgo, de los más importantes y prolíficos del Siglo de Oro español. Gozó de mucha fama en vida, y fue gran amigo de Quevedo y Juan Ruíz de Alarcón, enemigo de Góngora y envidiado por Cervantes. Renovó las fórmulas del teatro español y se las arregló para disfrutar de una buena posición en su época, gracias a sus obras y sus escritos.

Hace tiempo publicamos otra definición del amor, escrita por uno de sus contemporáneos, Francisco de Quevedo. Es interesante ver las diferencias y las similitudes con las que ambos escritores hablan del tema en ambos sonetos. Por parte de Lope de Vega, es una muestra de atrevimiento y de su habilidad e ingenio el utilizar tantos adjetivos para articular su definición del amor, pues como diría, mucho después, Vicente Huidobro: “el adjetivo, cuando no da vida, mata”.

De igual manera, la definición del amor de Lope de Vega también juega con los extremos -un estilo recurrente de la época- para hablar de lo que es el amor; todo el soneto es un oxímoron que va señalando algunas de las características, y que puntualiza en el último verso que sólo “quien lo probó lo sabe”, y puede entender las contradicciones que implica el sentimiento.

@SaetasdeLuis

87. Yo soy una mujer…

Poema #87

Yo soy una mujer ….. lo he dicho mil veces

Yo soy una mujer de palabras rotas …. de eclipses hormonales

de chillidos en lo adentro

observa mi pecho tembloroso …. palpitante

es mi corazón a pleno andar

galopando descalzo a lo largo de lo indecible

Yo soy una mujer ………… lo repito

el calor descose el final de mi bluejean recién comprado

el último vocablo empaña mi parabrisas

el aire me duele

es tu maldita costumbre

y hechizo larvario de regresar a mi memoria

Yo soy una mujer …… suficiente

me quedo con la silueta poco definida del que empieza a vivir

me quedo fugitiva

secretamente rendida a mis pechos diminutos

Y soy una

mujer a fuego lento

Natasha Tiniacos

Poeta Venezolana. Publicado anteriormente su poema: “Poder federal“. Licenciada en Letras. Este poema pertenece a su poemario “Mujer a fuego lento”  con el cual gana el I Premio Nacional Universitario de Literatura 2004, mención poesía. Actualmente cursa estudios de posgrado en la Universidad de Carolina del Sur.

“Y soy una / mujer a fuego lento”. Este poema me recorre y susurra constantemente. Lo vulnerable y perennne del fuego, ese elemento que engendra, que arde, que mata. El elemento maestro en la huella, la marca. Esto que es y que está, que arde en mi escencia. Es que el fuego lento se instala en el cuerpo, en la mente… de huella dimunuta pero imperecedera. Allí donde me quedo fugitiva y eterna. Este fuego especialista en las contradicciones de mi pecho palpitante. Este fuego abrasador que excita y sacia. El fuego que narran esas cenizas.

@LauraAlessR

86. En pie

Poema #86.

En pie.

 

Conozco de tristezas

Sé de puertas cerradas

Sé de la espalda expuesta al látigo y al odio

Sé de lejanos difuntos cubiertos

de ceniza (sonajeros solitarios

abandonados en cunas sin nadie)

Sé de incertidumbres y sobrecogimientos

 

Imperativos como la desgracia dejaron en mis bolsillos

sólo este

retrato macilento

y apenas en mi pecho polvo amargo del desamor

 

Conozco de tristezas

 

Sobre mi nuca cuatro siglos de pólvora y de dogma

hincaron los

pulgares ensangrentados del desprecio y la humillación

Por sentirme humano dejé extirpar en mí las costumbres

de mis antepasados

y la leche pisoteada de sus heridas

Así inicié mi aprendizaje occidental

 

pues

de tristezas

 

¿Pero hasta cuándo las tristezas?

 

¡Ya no más tristezas en la casa que habito

En el plato que tiendo

No más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes

en la

puerta en lo alto del sueño

cuando ato al alma pliegues de este amanecer

ganado a porrazo y a mordisco!

 

Gustavo Pereira.

 

En el blog ya se pueden conseguir dos poemas de este poeta y ensayista venezolano nacido en Margarita (1940) y que ha escrito más de una treintna de libros. Doctorado en la Universidad de París y fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Oriente. Ha obtenido numerosos premios, como el Nacional de Literatura (2000), el Ramos Sucre (1997) y el Víctor Valera Mora (2011).

Todos, inevitablemente, conocemos de tristezas. Hay muchas religiones que consideran que venir a la vida es venir a sufrir, y que la salida de la misma es el fin del sufrimiento. Las tristezas que nos definen son diferentes; las que más hondamente se clavan en nosotros, las que nos dificultan mantenernos en pie, no son iguales para todos. Puede que sepamos de lo que habla el poema, cuando menciona algunas de esas tristezas, de las que sabe y que, de distintas maneras, todos vivimos. Todos sabemos de tristezas, de tristezas propias y ajenas, también de tristezas sociales y arquetípicas.

Muchas tristezas son, inclusive, un “aprendizaje occidental”, el lugar del que provenimos define buena parte de nuestros sufrimientos, de nuestra historia, de quiénes somos. ¿Podemos trascenderlo? Yo considero que sí, pero esencialmente todas esas cosas están sobre nosotros. Sabemos, pues, de tristezas. La vida nos las enseña, nuestra cultura las transmite, y escribimos una y otra vez sobre ellas; “¿pero hasta cuándo las tristezas?”, ya no más, quisieramos decir, como enuncia el poema, “no más llaves siniestras ni disparos en la noche ni golpes en la puerta en lo alto del sueño”… ya no más, ya conocemos bien lo que es la tristeza.

@SaetasdeLuis