55. ¡BASTA!

Poema #55

¡BASTA!

….

Cuando un hombre no puede amar más

ni sentir más

y el deseo está muerto

y el corazón entumecido

….

entonces lo más que puede hacer

es decir: así es

tengo que sobrellevarlo

y esperar.

Es una pausa, ignoro cuán larga, en mi propio ser.

D.H. Lawrence

….

Escritor inglés nacido el 11 de septiembre de 1885. Entre su obra se encuentran novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro, entre otros. Anteriormente fue mencionado aquí: https://trazosdelamemoria.wordpress.com/2011/11/24/4-elemental/, con su poema “Elemental”. Ambos poemas pertenecen a sus “Pansies” (Pensamientos) “…que son verdaderos e inoportunos cuando el humor y la circunstancia cambian”, señala el propio autor. Su novela más conocida fue:  “El amante de Lady Chatterley”  de 1928.  Fallece a causa de la tuberculosis el 2 de marzo de 1930 en Francia, a los 44 años de edad.

La encrucijada se hace idea perpetua y se respira abismo por cada poro de la piel. Nadie nos ha hecho inmunes a la desesperación.  ¿Dónde se compran los banquitos para el alma?

En la frenética caída,  con los brazos dispuestos y en sutil ruego del golpe, el suelo desaparece. El caer, caer, caer precipita el alma, la descose, la agrieta. ¿Cómo detener el vacío? ¿Cómo parar lo incorpóreo?

He allí el secreto: “Es una pausa, ignoro cuán larga, en mi propio ser.”  No se detiene lo intangible, no se acelera el golpe ni se arregla lo invisible. Se dice ¡BASTA! y  te detienes tú, abrazas a tu alma y esperas.

 @LauraAlessR

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54. Velas

Poema #54.

Velas.

Días por llegar están delante nuestro

como una fila de velas encendidas…

doradas, cálidas y vívidas velas.

 

Días pasados caen detrás nuestro,

una lóbrega fila de velas consumidas;

todavía humean las más próximas,

frías, fundidas y torcidas.

 

No quiero mirarlas: sus formas me entristecen,

me entristece recordar su luz original.

Miro adelante mis velas encendidas.

 

No quiero girarme, no quiero ver, aterrado,

con qué rapidez esa oscura fila se alarga,

con qué rapidez una nueva vela muerta sigue a otra.

 

Constantino Cavafis.

Poeta griego, uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Vivió en Alejandría, Egipto, entre 1863 y 1933. Algunos de sus poemas más conocidos son Ítaca y La ciudad. Su obra tiene una refinada cultura grecolatina y una subyacente ironía; su escritura es madura, con remembranza de la juventud; habla, también, de la experiencia humana en sí misma, de forma atemporal y global. Puede leerse más sobre su vida en los otros dos poemas que hemos comentado.

El tiempo como una sucesión de velas que se agotan; como si cada una de ellas representara un día de nuestra existencia, y se fuesen apagando una tras otra, inexorablemente; dejando en el pasado una oscura fila de cera derretida, fría y oscura; mientras la llama de los días por venir se tambalea en una habitación oscura, en la incertidumbre desde la que vemos hacia adelante: una fila de velas que apenas iluminan el camino, hacia atrás: la moldeada oscuridad de los días que pasaron.

Con qué rapidez pasamos de una vela a otra, con qué rapidez se gastan y se apaga su llama y se acumulan días pasados, mientras observamos cómo se oscurece el cuarto cada vez más, mientras buscamos qué hacer con cada una de esas velas que (creemos) nos quedan, con cada uno de esos días, buscando comprender; buscando hacer algo más con esas llamas que desaparecen, algo que permita que la luz prevalezca; y le cantamos a la llama, como le canta Martin Kaubish en sus versos: “Llama, tumulto alado, / oh soplo, rojo reflejo del cielo / quien descifre tu misterio / conocerá el secreto de la vida / y de la muerte…”

@SaetasdeLuis

53. Diálogo en la tiniebla

Poema #53

Diálogo en la tiniebla

……

No busco la verdad, pero persigo

su estela cautivante, su aleteo

que es la réplica infiel de lo que creo

y el huidizo fulgor de lo que digo.

….

La verdad absoluta es un castigo

que quizás no merezca mi deseo.

Y su ausencia es el último trofeo

que desvela mi angustia de testigo.

….

Me quedo con la flor de la pregunta,

aspirando el aroma sin respuesta,

dejando que el silencio apenas hable.

….

Y al sentir que la lágrima despunta,

la verdad, como un grillo, me contesta

desde el jardín del vértigo insondable.

David Escobar Galindo

 

 Poeta, novelista y jurista nacido el 4 de octubre de 1943 en Santa Ana (El Salvador).  Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua y Director su director desde el año 2006. Es considerado uno de los autores más importantes de la literatura salvadoreña. Dentro de sus  poemarios se encuentran: “El Libro de Lilian” (1976), “Árbol sin Tregua” (1996), “Canciones para el álbum de Perséfone” (1982), “Oración en la Guerra” (1989), entre otros.  También publicó  la novela “Una Grieta en el Agua” (1972).

Ya no busco, ella está ahí, la verdad con todas sus vertientes. No me preocupo, igual el camino conduce hacia ella. Ya no sé cuántas veces me he perdido, es que ese es mi oficio, ya no busco. Ella me habla  en el rumor del viento,  “como un grillo, me contesta / desde el jardín del vértigo insondable.”

Yo no le hago preguntas, solo espero su visita. Ella ya me conoce y entre mis palabras se cuela. Yo la aspiro. Le dejó el café servido y le mesa dispuesta. Una neblina entra por mi puerta, apago las velas  y recuerdo  que “su ausencia es el último trofeo / que desvela mi angustia de testigo.”

@LauraAlessR

 

52. XXXI [Si digo a veces que las flores sonríen]

Poema #52.

XXXI.

Si digo a veces que las flores sonríen

y si dijese que los ríos cantan,

no es porque yo crea que hay sonrisas en las flores

y canciones en el correr de los ríos…

Es porque así hago sentir más a los hombres falsos

la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos.

 

Porque escribo para que ellos me lean, me sacrifico a veces

a su estupidez de sentidos…

No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo

porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la Naturaleza,

porque hay hombres que no perciben su lenguaje,

porque ella no es lenguaje alguno.

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa. Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino que sólo cursó la instrucción primaria, pero es considerado el maestro entre los heterónimos. Murió de tuberculosis después de vivir en casa de su tía-abuela con una modesta renta posterior a la muerte de su padre y madre. Es conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba el título y pregonaba una “no-filosofía”, creía que los seres simplemente son: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida. Poesía en un lenguaje estético directo, concreto, simple, pero bastante complejo desde el punto de vista reflexivo. Aquí pueden leer sobre Fernando Pessoa.

La lucidez de no pensar nada es, en ocasiones, necesaria para alcanzar ciertas revelaciones, para percibir lo que parece vedarse por el entendimiento, para sentir el lenguaje de aquello que no tiene lenguaje. Podemos creer que lo sabemos todo, y responder a las imágenes diciendo “pero las flores no sonríen”, “los ríos no cantan”, y nos negamos la revelación, “la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos”. Esta reflexión de Alberto Caeiro sobre su manera de hacer poesía y de “hacer sentir” la Naturaleza es una revelación del mundo que percibe, que siente.

El poeta confiesa su necesidad de ser leído por otros que, quizás, no lo entienden por tener sus sentidos nublados, como si hubiese salido del mito de la caverna, pero se negara a abandonar a los que siguen allí, queriendo interpretar la Naturaleza que él ve, y transmitirla a los “hombres falsos” que no la logran percibir. “No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo” nos confiesa, lúcido, confesándose sólo un intérprete de la Naturaleza.

@SaetasdeLuis

51. VIII

Poema #51

VIII

Eres

lo tornadizo

lo inestable

..

inútil es querer cambiarte

..

Más fácil

sería

guardar en un armario

el viento de la primavera.

Elena Vera

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Poeta y ensayista venezolana. Nació en Caracas en 1939. Se crió en Ciudad Bolívar. Fue profesora de crítica literaria y latín. Obtuvo varios reconocimientos entre los cuales se pueden nombrar: Alfonsina Storni (1983), Premio Municipal de Literatura  (1986) y  Premio José Antonio Ramos Sucre (1980). También se desempeñó como presidenta de la Asociación de Escritores de Venezuela. Entre sus obras se encuentran: “El celacanto”, “De amantes”, “Sombraduras”, entre otros. Fallece en 1996.

Eres. Miras, lo reconoces, te reconoces…  asientes y aceptas.  Lo inasible no se cambia, se asume.

@LauraAlessR

50. Embriagaos

Poema #50.

Embriagaos.

 

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.

Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero embriagaos.

Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: “¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.”

Charles Baudelaire.

Ya en una ocasión anterior publicamos un poema de Baudelaire. “Poeta maldito”, crítico de arte y traductor francés (1821-1867), importante exponente del simbolismo en Francia y lúcido escritor de su época. Este texto pertenece a sus 50 Pequeños poemas en prosa, también conocidos como El Spleen de París. La escritura de ese libro representa la ruptura definitiva de las formas poéticas clásicas, reduciendo la brecha que antes mantenía prosa y poesía separadas.

En cuanto al tema, pues es una invitación bastante elocuente y tentadora: ¡embriagaos! Embriaguémonos, ¿de qué? “De vino, de poesía o de virtud”; de lo que queramos, pero embriaguémonos, inclusive de vida misma. “Para no ser esclavos y mártires del Tiempo” que siempre está ahí, inexorable, pasando… ¿Qué hora es? Es hora de emborracharse, de embriagarse sin cesar de todo lo que es vida y vuelve el paso del tiempo insignificante: vino, poesía, virtud. Ya en Trazos de la memoria tenemos cincuenta poemas para embriagarnos, y esperamos seguir publicando muchos más. Muchas gracias por leernos.

@SaetasdeLuis

49. La mirada II

Poema #49

La mirada II

La mirada también sabe de contiendas.

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Sobrevive

sin dejarse amansar el asombro.

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Su andar huella siempre,

una tierra distinta.

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así sea en la oscuridad.

Pausides González

Poeta venezolano nacido en Caracas en 1962. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes. Su primer poemario “Cada despido del tiempo” fue publicado en Mérida en 1994. Obtuvo el Premio Fernando Paz Castillo del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, mención Estudios Literarios, por su libro “La música popular del Caribe hispano en su literatura”. Este poema pertenece a su poemario “Libro del aire” publicado en 2007.

Cuánto depende del mirar, de las formas, los colores y de la ausencia de ellos. Recreamos el mundo con la imaginación reproduciendo en ella imágenes.  Las texturas, los sonidos, los olores de pronto se nos convierten en figuras y toman cuerpo, allí, en nuestra reinvención de la percepción.

Quizás en la oscuridad el mundo sea más nuestro porque en el vacio de la forma, de la idea ya propuesta, el yo se ve en la necesidad de llenar la penumbra.

Se habrá librado la batalla satisfactoriamente cuando pueda el mirar asombrarse siempre hasta de su propio artificio.  Es percepción y creación, así, como el artista, ese que carga un mundo siempre en los ojos.

@LauraAlessR