52. XXXI [Si digo a veces que las flores sonríen]

Poema #52.

XXXI.

Si digo a veces que las flores sonríen

y si dijese que los ríos cantan,

no es porque yo crea que hay sonrisas en las flores

y canciones en el correr de los ríos…

Es porque así hago sentir más a los hombres falsos

la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos.

 

Porque escribo para que ellos me lean, me sacrifico a veces

a su estupidez de sentidos…

No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo

porque sólo soy esa cosa seria, un intérprete de la Naturaleza,

porque hay hombres que no perciben su lenguaje,

porque ella no es lenguaje alguno.

Alberto Caeiro.

Heterónimo de Fernando Pessoa. Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino que sólo cursó la instrucción primaria, pero es considerado el maestro entre los heterónimos. Murió de tuberculosis después de vivir en casa de su tía-abuela con una modesta renta posterior a la muerte de su padre y madre. Es conocido como el poeta-filósofo, aunque él rechazaba el título y pregonaba una “no-filosofía”, creía que los seres simplemente son: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida. Poesía en un lenguaje estético directo, concreto, simple, pero bastante complejo desde el punto de vista reflexivo. Aquí pueden leer sobre Fernando Pessoa.

La lucidez de no pensar nada es, en ocasiones, necesaria para alcanzar ciertas revelaciones, para percibir lo que parece vedarse por el entendimiento, para sentir el lenguaje de aquello que no tiene lenguaje. Podemos creer que lo sabemos todo, y responder a las imágenes diciendo “pero las flores no sonríen”, “los ríos no cantan”, y nos negamos la revelación, “la existencia verdaderamente real de las flores y los ríos”. Esta reflexión de Alberto Caeiro sobre su manera de hacer poesía y de “hacer sentir” la Naturaleza es una revelación del mundo que percibe, que siente.

El poeta confiesa su necesidad de ser leído por otros que, quizás, no lo entienden por tener sus sentidos nublados, como si hubiese salido del mito de la caverna, pero se negara a abandonar a los que siguen allí, queriendo interpretar la Naturaleza que él ve, y transmitirla a los “hombres falsos” que no la logran percibir. “No estoy de acuerdo conmigo, pero me absuelvo” nos confiesa, lúcido, confesándose sólo un intérprete de la Naturaleza.

@SaetasdeLuis

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2 pensamientos en “52. XXXI [Si digo a veces que las flores sonríen]

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