62. Herederos de Sísifo

Poema #62.

Herederos de Sísifo.

 

Entre el suelo y el techo de un ascensor

cada rostro es territorio incierto para la mirada,

las lenguas se anudan,

las manos buscan el aire en los bolsillos.

 

En esta pequeña Babilonia

no hay un solo hombre,

siquiera uno de ellos,

que no lleve una pequeña piedra entre sus manos.

Las llaves, el reloj, algún espejo,

todo aquí es atentado contra la gravedad.

 

Vaya forma de pagar una terrible condena:

haber nacido desprovistos de alas

-a ras de suelo-

con tan torpe afición a las alturas.

 

Arturo Gutiérrez Plaza.

Poeta, ensayista y profesor universitario nacido en Caracas, 1962. Ha publicado los libros de poesía: “Al margen de las hojas” (1991), “Principios de Contabilidad” (2000) y “Pasado en limpio” (2006). Fue Director General del CELARG y ha obtenido varios premios entre los que resalta el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz en 1999.

Me resulta interesante la comparación del momento cotidiano en el elevador con el mito de Sísifo, el hecho de conectar un instante actual con toda una tradición y una historia humana. Todos hemos estado alguna vez en un ascensor lleno de desconocidos, la incomodidad de estar todos tal como describe Gutiérrez Plaza. El descubrimiento está en la certera relación con Sísifo: la condena a la rutina, a esa piedra que debemos empujar hacia la cima sin lograr nunca alcanzarla, como el elevador que sube y baja sin llegar a ningún sitio. Hay algo que es lo que tenemos que empujar, llevar con nosotros, que nos sume en la rutina como una “terrible condena”; sea la llave de la casa o del carro, el tiempo que transcurre o algo en nosotros mismos. Nos convertimos en esclavos de ese “algo” que empujamos siempre, con la esperanza de algo más, con “tan torpe afición a las alturas”, estando “a ras del suelo”.

Realmente la rutina puede convertirnos en herederos de Sísifo, pagando la terrible condena de tener que luchar contra la gravedad día tras día en una pequeña Babilonia llena de desconocidos que también empujan su piedra. Qué espantoso castigo el de no poder alcanzar jamás las alturas a las que somos tan aficionados por eso que nos mantiene a ras del suelo y que nunca dejamos de empujar.

@SaetasdeLuis

61. SUB-UMBRA

Poema #61

SUB-UMBRA

¡Adelante, alma mía!

allí junto al peligro está la boca

de la sima profunda …

¡fe, valor, osadía!

ya el pie resbala en la musgosa roca,

ya la lluvia iracunda

me flagela la frente …

¡éste es mi Sinaí relampagueante,

éste es mi Oreb ardiente! …

¡Adelante! ¡Adelante!

¡Qué hermosa caverna!

¡Qué espantoso ruido! ¡Aquí tienen su nido

la oscuridad eterna,

el torbellino airado,

la fragorosa espuma,

el Aquilón helado,

la sofocante y cegadora bruma! …

¡Adelante! ¡adelante! ¡Allá en el fondo,

la sombra es más intensa,

el rugido más fuerte,

la atmósfera más densa

y más cerca al espíritu la muerte.

Allí, allí está el hondo

santuario en que se oculta

el dios de la terrible catarata!

¡Cómo llegar a él! … En arco enorme

que en el vórtice hirviente se sepulta,

sobre mi frente pálida, tendida,

cual bóveda de plata,

pasa la mole rápida y deforme

de la corriente al báratro impelida.

Bajo mis pies se escapa

la resbalosa peña

que sirve, artera, de engañosa capa

a la muerte en sus grietas escondida.

El vértice se adueña

de mi turbada mente …

¡un paso más … y terminó la vida!

Juan Antonio Pérez Bonalde

Poeta venezolano. Nacido en Caracas el 30 de enero de 1846. Es reconocido como uno de los grandes poetas líricos y representante del romanticismo literario del país. Dominó diversos idiomas, lo que le permitirá destacarse como traductor de obras como: “El cuervo” de Edgar Allan Poe y “El cancionero” de Heinrich Heine. Es el autor de las obras: “Vuelta a la Patria”, “Estrofas”, “Ritmos”, “El canto al Niágara”  (prólogo de José Martí)  y “Flor”. Fallece el 4 de octubre de 1892. En 1903 sus restos  fueron trasladados al Panteón Nacional.

Tal día como hoy nace el gran poeta venezolano creador de “Vuelta a la Patria”.  Al pie del abismo, de la enorme boca, nos canta el poeta. Dando aliento al alma: “¡Adelante, alma mía!”, allí ante la oscuridad, ante la muerte.  Y con “la corriente al báratro impelida” el alma (tal vez “el otro”) se va cayendo. ¿Buscando qué? ¿un dios, quizás? ¿un motivo?

Y así es, con el vértigo constante y a un paso de perder la vida,  la única manera de entrar al mundo de las imágenes: descendiendo.

@LauraAlessR

60. Si

Poema #60.

Si.

 

Si las cosas hablaran

-pero si hablaran, también podrían mentir.

Sobre todo las más corrientes y poco apreciadas,

para llamar finalmente la atención.

 

Da pánico pensar

qué me diría tu botón descosido,

y a ti, la llave de mi puerta,

esa vieja mitómana.

 

Wislawa Szymborska.

Éste no es, ni remotamente, el mismo Si de Rudyard Kipling. Este condicional se acerca más al que se dice en la intimidad, abrazado a la amante, en silencio, sin elevar la voz más allá de un susurro. Wislawa Szymborska es una poeta, ensayista y traductora polaca, nacida en 1923, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, de quien ya tenemos un poema en Trazos de la memoria.

¡Con qué intimidad y con qué simpleza escribe Szymborska estos versos! Es imposible recitar este poema grandilocuentemente, ni siquiera pensarlo. Leerlo nos transporta a la intimidad, a palabras dichas a media voz, a esas reflexiones ociosas cuando tenemos la calma para ver el mundo de otra manera. ¿Qué pasaría si las cosas hablaran? No las grandes cosas sino las pequeñas, las íntimas, las que podrían llamar la atención narrando historias escandalosas que, quizás, conocen. El segundo verso muestra con sutileza que todo lo que habla “también podría mentir”, como si fingir, inventar, exagerar fuese inseparable de la comunicación, como si, frecuentemente, sucediera así. Quizás algunas cosas podrían inventar historias extraordinarias. ¿Qué podría narrar un botón descosido, un bolígrafo, una vieja lámpara? Pero la poeta, como si de verdad nos estuviese hablando de esto en la intimidad de una habitación, se cubre la espalda al hablar de la llave de su puerta, “esa vieja mitómana”… Da pánico pensar lo que podrían decir algunas cosas sólo por llamar la atención.

@SaetasdeLuis

59. Destino

Poema #59

Destino

Un oscuro impulso incendió mis bosques

¿Quién me dejó sobre las cenizas?

Andaba el viento sin encuentros.

Emergían ecos mudos no sembrados.

Partieron el cielo pájaros sin nidos.

El último polvo nubló la frontera.

Inquieta y sumisa, me quedé en mi voz.

Enriqueta Arvelo Larriva

Poeta venezolana. Nació en Barinitas, un pueblo de los Andes, en 1886. En el año 1948 se muda a Caracas. En 1957 pública “Mandato del Canto” y recibe el Premio Municipal de Poesía. Sus poemarios publicados fueron: “El cristal nervioso” (1930),”Voz aislada” (1939), “Poemas de una pena” (1941), “Mandato del canto” (1946) “Poemas perseverantes” (1960) y “Antología poética” (1976). Fallece en 1962.

Primero decidí esperar para publicar este poema. Cuando intento escribir sobre él no puedo. Me encanta (mucho) y aunque esperé un tiempo considerable, la imposibilidad continúa. Aun así, no quiero esperar más y con el espíritu esperanzado quisiera que alguien se animara a comentarlo.

@LauraAlessR

58. La noche, el porche

Poema #58.

La noche, el porche.

Mirar al vacío es aprender de memoria

el lugar donde todos habremos de terminar, y quedarnos al descubierto

ante el viento es sentir lo inasible en algún lugar cercano.

Los árboles pueden mecerse o estar quietos. El día o la noche pueden ser lo que deseen.

Lo que deseamos, más que una estación o un clima, es el consuelo

de ser extraños, al menos ante nosotros mismos. Éste es el quid

del asunto. Incluso ahora parece que esperamos algo

cuya aparición sería su desaparición, el sonido, digamos,

de unas pocas hojas que caen, o simplemente una hoja, o menos.

No hay fin a lo que podemos aprender. El libro allá afuera

nos lo dice, y nunca fue escrito con nosotros en mente.

Mark Strand.

Nació en Prince Edward Island, Canadá, aunque de nacionalidad estadounidense (1934). Publiqué otro de sus poemas aquí. Fue designado Poeta Laureado de Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso en 1990  y, entre otros premios, recibió el Premio Pulitzer por su libro “Blizzard of one” al que pertenece este poema. Vive en Nueva York, donde es profesor de la Universidad de Columbia.

“Incluso ahora parece que esperamos algo”, ¿qué? Estamos siempre a la expectativa, de que el poema genere algo en nosotros, de que el comentario nos responda algo, de que suceda algo. “No hay fin a lo que podemos aprender”, una imagen recurrente en la poesía de Strand es la de la vida como un libro, “el libro” que nos habla, que existe y en el que sólo somos unos personajes pasajeros, que continúa siempre y en el que sólo somos una breve aparición, el libro “nunca fue escrito con nosotros en mente”, como si eso, también, nos permitiera escapar a las palabras que ya están escritas y anotar, nosotros mismos, nuestra colaboración en ese libro que, de seguro, muchos desearíamos encontrar y hojear. El vacío siempre está ahí, la página en blanco, la incertidumbre y el lugar en el que terminaremos, quizás por eso cuando nos asomamos al vacío lo sentimos, también, dentro de nosotros.

@SaetasdeLuis

57. Muerte

Poema #57

Muerte

(Hamlet, Acto III, escena IV.)

To die, to sleep…, to sleep… perchance to dream.

 ….

Eres sueño de un dios; cuando despierte

¿al seno tornarás del que surgiste?

¿serás al cabo lo que un día fuiste?

¿parto de desnacer será tu muerte?

….¿El sueño yace en la vigilia inerte?

Por dicha aquí el misterio nos asiste;

para remedio de la vida triste,

secreto inquebrantable es nuestra suerte.

….Deja en la niebla hundido tu futuro

y ve tranquilo a dar tu último paso,

que cuando menos luz, vas más seguro.

….¿Aurora de otro mundo es nuestro ocaso?

Sueña, alma mía, en tu sendero oscuro:

“¡Morir… dormir… dormir… soñar acaso!”

Miguel de Unamuno

Fue un escritor y filósofo español. Nace en Bilbao el 29 de septiembre de 1864. Perteneciente a la generación del 98. En su obra desarrollo gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía. Tuvo una gran actividad política, fue condenado a prisión y participó en la guerra civil española. Entre sus obras poéticas destacan: “Poesías” (1907), “El Cristo de Velázquez” (1920), “Rimas de dentro” (1923), “Romancero del destierro” (1928), entre otras. Fallece en Salamanca el 31 de diciembre de 1936.

¿Vivir es un sueño? ¿Es la realidad un sueño?  ¿Somos el sueño de otro? ¿Cuándo despertamos? ¿Despertamos? ¿Qué será de nosotros, cuando el que nos sueña despierte? ¿Moriremos? ¿Morir o despertar?  “Por dicha aquí el misterio nos asiste…”

Dormir, dormir “…que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne…” (Hamlet).  Como quien deja su destino hundido en tinieblas, como quien olvida, como quien muere…

  @LauraAlessR

56. Testigo

Poema #56.

Testigo.

 

Tú sabes que estoy

pero no entres de pronto

a mi cuarto

 

podrías ver

cómo guardo silencio

sobre la hoja en blanco

 

¿Se puede escribir

sobre el amor

mientras se oyen los gritos

de los asesinados y ultrajados?

¿Se puede escribir

sobre la muerte

y mirar las caritas

de los niños?

 

No entres de pronto

a mi cuarto

 

Verás un mudo

y avergonzado

testigo del amor

al que vence la muerte.

 

Tadeusz Różewicz.

Nació en 1921 en Radomsko. Uno de los autores más prolíficos de la literatura polaca, ha escrito poesía, narrativa, drama y ensayo en grandes cantidades. En más de una ocasión ha sido candidato al Premio Nobel de Literatura, y ha recibido gran cantidad de premios y distinciones dentro y fuera de su país. La posguerra es un tema recurrente de su poesía, el cual se va transformando -cicatrizando- con esperanza e insistencia a lo largo del tiempo, permitiendo otros temas como sus constantes reflexiones sobre el proceso de escribir y la figura del poeta. Este poema pertenece a “Poemas e imágenes” (1951-1952).

El poeta se revela a sí mismo, se confiesa testigo de atrocidades que no puede/quiere plasmar en la hoja en blanco que hace de espejo para su memoria, que le permite, en la intimidad de su habitación y de su soledad, recordar lo que ha visto, lo que ha sentido, lo que su generación entera ha pasado en la guerra y continúa viviendo en la posguerra. El poeta pide que se le respete esa intimidad, ese momento en el que se encierra en su cuarto a ver desfilar a sus demonios sobre la hoja en blanco, a escribir sobre esa conjunción de emociones que se encuentran en él cuando escribe y que se le aparecen indisolubles.

Los dos grandes temas, dicen: amor y muerte. No puede -siente el poeta- escribir sobre ninguno de los dos sin que aparezca su contraparte, en sus vivencias. Piensa en el amor y los gritos hacen contrapeso, piensa en la muerte y aparecen sonrisas que la esfuman. Pero, concluye el poeta, si entran a verlo en ese momento en el cual se dobla sobre la hoja en blanco para reflejarse, como si fuese a hundirse en ella, lo verán mudo, avergonzado, ante lo que su memoria le hace percibir: el amor derrotado por la muerte.

@SaetasdeLuis

55. ¡BASTA!

Poema #55

¡BASTA!

….

Cuando un hombre no puede amar más

ni sentir más

y el deseo está muerto

y el corazón entumecido

….

entonces lo más que puede hacer

es decir: así es

tengo que sobrellevarlo

y esperar.

Es una pausa, ignoro cuán larga, en mi propio ser.

D.H. Lawrence

….

Escritor inglés nacido el 11 de septiembre de 1885. Entre su obra se encuentran novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro, entre otros. Anteriormente fue mencionado aquí: https://trazosdelamemoria.wordpress.com/2011/11/24/4-elemental/, con su poema “Elemental”. Ambos poemas pertenecen a sus “Pansies” (Pensamientos) “…que son verdaderos e inoportunos cuando el humor y la circunstancia cambian”, señala el propio autor. Su novela más conocida fue:  “El amante de Lady Chatterley”  de 1928.  Fallece a causa de la tuberculosis el 2 de marzo de 1930 en Francia, a los 44 años de edad.

La encrucijada se hace idea perpetua y se respira abismo por cada poro de la piel. Nadie nos ha hecho inmunes a la desesperación.  ¿Dónde se compran los banquitos para el alma?

En la frenética caída,  con los brazos dispuestos y en sutil ruego del golpe, el suelo desaparece. El caer, caer, caer precipita el alma, la descose, la agrieta. ¿Cómo detener el vacío? ¿Cómo parar lo incorpóreo?

He allí el secreto: “Es una pausa, ignoro cuán larga, en mi propio ser.”  No se detiene lo intangible, no se acelera el golpe ni se arregla lo invisible. Se dice ¡BASTA! y  te detienes tú, abrazas a tu alma y esperas.

 @LauraAlessR

54. Velas

Poema #54.

Velas.

Días por llegar están delante nuestro

como una fila de velas encendidas…

doradas, cálidas y vívidas velas.

 

Días pasados caen detrás nuestro,

una lóbrega fila de velas consumidas;

todavía humean las más próximas,

frías, fundidas y torcidas.

 

No quiero mirarlas: sus formas me entristecen,

me entristece recordar su luz original.

Miro adelante mis velas encendidas.

 

No quiero girarme, no quiero ver, aterrado,

con qué rapidez esa oscura fila se alarga,

con qué rapidez una nueva vela muerta sigue a otra.

 

Constantino Cavafis.

Poeta griego, uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Vivió en Alejandría, Egipto, entre 1863 y 1933. Algunos de sus poemas más conocidos son Ítaca y La ciudad. Su obra tiene una refinada cultura grecolatina y una subyacente ironía; su escritura es madura, con remembranza de la juventud; habla, también, de la experiencia humana en sí misma, de forma atemporal y global. Puede leerse más sobre su vida en los otros dos poemas que hemos comentado.

El tiempo como una sucesión de velas que se agotan; como si cada una de ellas representara un día de nuestra existencia, y se fuesen apagando una tras otra, inexorablemente; dejando en el pasado una oscura fila de cera derretida, fría y oscura; mientras la llama de los días por venir se tambalea en una habitación oscura, en la incertidumbre desde la que vemos hacia adelante: una fila de velas que apenas iluminan el camino, hacia atrás: la moldeada oscuridad de los días que pasaron.

Con qué rapidez pasamos de una vela a otra, con qué rapidez se gastan y se apaga su llama y se acumulan días pasados, mientras observamos cómo se oscurece el cuarto cada vez más, mientras buscamos qué hacer con cada una de esas velas que (creemos) nos quedan, con cada uno de esos días, buscando comprender; buscando hacer algo más con esas llamas que desaparecen, algo que permita que la luz prevalezca; y le cantamos a la llama, como le canta Martin Kaubish en sus versos: “Llama, tumulto alado, / oh soplo, rojo reflejo del cielo / quien descifre tu misterio / conocerá el secreto de la vida / y de la muerte…”

@SaetasdeLuis

53. Diálogo en la tiniebla

Poema #53

Diálogo en la tiniebla

……

No busco la verdad, pero persigo

su estela cautivante, su aleteo

que es la réplica infiel de lo que creo

y el huidizo fulgor de lo que digo.

….

La verdad absoluta es un castigo

que quizás no merezca mi deseo.

Y su ausencia es el último trofeo

que desvela mi angustia de testigo.

….

Me quedo con la flor de la pregunta,

aspirando el aroma sin respuesta,

dejando que el silencio apenas hable.

….

Y al sentir que la lágrima despunta,

la verdad, como un grillo, me contesta

desde el jardín del vértigo insondable.

David Escobar Galindo

 

 Poeta, novelista y jurista nacido el 4 de octubre de 1943 en Santa Ana (El Salvador).  Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Es miembro de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua y Director su director desde el año 2006. Es considerado uno de los autores más importantes de la literatura salvadoreña. Dentro de sus  poemarios se encuentran: “El Libro de Lilian” (1976), “Árbol sin Tregua” (1996), “Canciones para el álbum de Perséfone” (1982), “Oración en la Guerra” (1989), entre otros.  También publicó  la novela “Una Grieta en el Agua” (1972).

Ya no busco, ella está ahí, la verdad con todas sus vertientes. No me preocupo, igual el camino conduce hacia ella. Ya no sé cuántas veces me he perdido, es que ese es mi oficio, ya no busco. Ella me habla  en el rumor del viento,  “como un grillo, me contesta / desde el jardín del vértigo insondable.”

Yo no le hago preguntas, solo espero su visita. Ella ya me conoce y entre mis palabras se cuela. Yo la aspiro. Le dejó el café servido y le mesa dispuesta. Una neblina entra por mi puerta, apago las velas  y recuerdo  que “su ausencia es el último trofeo / que desvela mi angustia de testigo.”

@LauraAlessR