31. [Tengo himnos que callo] Aniversario

Poema #31.

Tengo himnos que callo.
Hay un estar erguido, al que
inclino mis sentidos:
me ves grande y soy pequeño.
Oscuramente puedes distinguirme
de esas cosas que se arrodillan;
son como rebaños y pacen;
soy el pastor en la pendiente de los brazos,
ante quien llegan al anochecer.
Entonces voy tras ellos
y escucho el ruido sordo de los oscuros puentes
y en el humo de sus espaldas
se esconde mi regreso.

Rainer Maria Rilke

Poeta alemán. (Praga, Austria-Hungría, 4 de diciembre, 1875- Val Mont, Suiza, 29 de diciembre, 1926). Reconocido entre la literatura universal como poeta de lo religioso y lo sagrado. Sus obras más relevantes son Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo y en prosa Cartas a un jovén poeta. 

…..

La escritura de Rilke a mí aún no se me revela. Es, para mí, todavía algo inexplicable, “así como no puedo explicar lo que sea un beso”, como dice Hanni Ossott. Sigo leyéndolo y releyéndolo “sin mala fe, sin desesperación”. Así sigue uno, cuando tiene la querencia, “averiguando qué diablos quiso decir el poeta”, sintiendo, presintiendo lo que expresa, lo que espera en lo profundo de nuestra alma para gestar, esas frases, esos versos que resuenan en nosotros, que van germinando, que nos van (re)haciendo. Hablamos desde lo que decimos, y también desde el silencio. En muchas ocasiones, inclusive, son aquellas palabras que callamos las que más quedan en nosotros y en los otros, las que realmente nos definen. Nos entregamos a la noche, y en ella nos distinguimos como realmente somos, no como nos mostramos… ¿Cuáles son esos himnos que callamos, esos pactos secretos que nos definen más allá de lo que es visible en el día, ese regreso que se esconde? ¿Quiénes somos?

@SaetasdeLuis

De lo que no puedes ver, ni distinguir… somos aquello que se diluye en la noche, que se entrega. Deponer los sentidos ante la oscuridad y dar la bienvenida con los brazos abiertos, expuestos.  Es entonces, ¿entrega y disolución?

Hanni Ossott comenta sobre Rilke: “En su poesía y en su vida se muestra una sagrada reverencia por todo lo que somos, por todo lo que podemos ser. Su tensión lírica se dirige a “celebrar” la posibilidad de ser. Y ello es así porque al fondo de esa “posibilidad” se impone la disipación, la disolución.”  Para mí es un deshacerse para entonces mostrarse en esencia, en sustancia, y partir de allí. Inclinarse para percibir “los ruidos sordos” y el humo de las espaldas, hacer reverencia ante lo sagrado de la vida. Hacerse y deshacerse, partir y regresar.

@LauraAlessR

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