22. El balcón

Poema #22.

El balcón.

Madre de los recuerdos, irrepetible amante,

tú, todas mis delicias, tú, todos mis deberes,

siempre recordarás las caricias perfectas,

el halago del fuego, la gracia de las noches,

madre de los recuerdos, irrepetible amante.

 

En noches encendidas por un ardor de brasas,

o en el balcón, veladas por rosados vapores,

¡Qué dulce era tu pecho, tu corazón qué grato!

¡A menudo dijimos tan inmortales cosas

en noches encendidas por un ardor de brasas!

 

¡Qué bellos son los soles en los atardeceres!

¡Qué profundo el espacio, qué poderosa el alma!

Sobre tí me inclinaba, idolatrada reina,

creyendo respirar de tu sangre el perfume.

¡Qué bellos son los soles en los atardeceres!

 

El muro de la noche en torno se espesaba,

mis ojos en lo oscuro sentían tus pupilas

y bebía tu aliento, oh dulzura, oh veneno!

Tus pies entre mis manos fraternales dormían

El muro de la noche en torno se espesaba.

 

Sé el arte de evocar los minutos felices.

Revivo mi pasado: cabe entre tus rodillas.

¿Y dónde buscaría tus lánguidos encantos

sino en tu dulce cuerpo, tu corazón tan tierno?

Sé el arte de evocar los minutos felices.

 

Juramentos, perfumes y besos infinitos,

¿renacerán de abismos vedados a mi sonda?

como soles mojados en los mares profundos

que jóvenes de nuevo ascienden a los cielos?

¡Oh besos infinitos, perfumes, juramentos!

 

Charles Baudelaire.

 

Fue un poeta, crítico de arte y traductor francés (1821-1867). María Zambrano dice de Baudelaire que “es el padre, al par que redentor, de la poesía. Y la ha redimido por aquello que parecía faltarle: la conciencia.” Fue llamado “poeta maldito” debido a su vida de bohemia y excesos, y fue un importante exponente del simbolismo francés. “El balcón” se encuentra en su obra “Las flores del mal”.

En mí resuena especialmente el verso que dice “sé el arte de evocar los minutos felices”, puesto que ése es el arte del poeta, y parte de su poder. Recordando, a través del poema, Baudelaire recrea un tiempo pasado, lo trae de nuevo a la vida, e inmortaliza el instante en él. Como dice María Zambrano, algo muy importante en Baudelaire y su tiempo es la capacidad del poeta de cobrar consciencia de sí mismo y de escribir sobre eso en su misma obra. El poeta pierde la aureola, pero es conocedor del arte que implica evocar los minutos felices, el arte de la imaginación y de la recreación, a través de la palabra, de la realidad. La recrea, no sólo para él mismo, sino también para todos aquéllos que lean sus poemas y “revivan su pasado”. En la poesía, universalizamos el instante.

@SaetasdeLuis

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