14. Creo en la vida

Poema #14.

Creo en la vida.

Creo en la vida bajo forma terrestre,

tangible, vagamente redonda,

menos esférica en sus polos,

por todas partes llena de horizontes.

 

Creo en las nubes, en sus páginas

nítidamente escritas,

y en los árboles, sobre todo en otoño.

(A veces creo que soy un árbol.)

 

Creo en la vida como terredad,

como gracia o desgracia.

-Mi mayor deseo fue nacer,

a cada vez aumenta.

 

Creo en la duda agónica de Dios,

es decir, creo que no creo,

aunque de noche, solo,

interrogo a las piedras,

pero no soy ateo de nada

salvo de la muerte.

 

Eugenio Montejo.

Poeta y ensayista venezolano, nació en Caracas en 1938 y murió en Valencia en 2008. En 1998 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura. Fue fundador de muchos proyectos importantes como las revistas “Poesía” y “Zona Tórrida” de la Universidad de Carabobo. Publicó más de diez libros de poesía, incluyendo algunos bajo heterónimos como Sergio Sandoval, Tomás Linden, Blas Coll y Eduardo Polo. Creo en la vida se encuentra en su poemario “Terredad” de 1978. El concepto de terredad que desarrolla Montejo en su poesía es muy interesante y apasionante, así como su relación con la tierra en muchos de sus poemas.

Eugenio Montejo dice en un poema de “Adiós al siglo XX” (1992) que el poema “es casi una oración atea, pero es una oración”. Creo en la vida es, indudablemente, un credo, una conexión con lo divino que puede existir (¿la poesía, esa última religión que nos queda?), con la terredad. Yo considero que la lectura de poesía bien realizada, con pasión, crea un tiempo sagrado, nos conecta con las palabras, con nosotros, con eso que está más allá de las capas superficiales de nuestra cotidianidad, nos confronta. La poesía genera, entonces, reacciones, movimientos, sacudidas, enfrentamientos.

Creer para ver. Creer y crear. Creer en la vida, celebrar la vida, la existencia de cada uno de los instantes que suceden, “como gracia o desgracia”. El poema es una postura ante la existencia, y una elección, la elección de la vida que “a cada vez aumenta”. La terredad está presente, las nubes, los árboles, y la duda que nos permite expandir nuestras perspectivas… “pero no soy ateo de nada / salvo de la muerte”, ese único final de la vida, la desconexión, puesto que todo lo que es vida, todo lo que es amor es conexión, existencia, relación entre todo lo que existe “bajo la forma terrestre”… Escoger la vida por encima de la muerte, con sus gracias y sus desgracias, y celebrarla en una oración, en el tiempo sagrado de la lectura del poema que nos revela una manera de vivir. La poesía requiere que creamos en ella y que creamos en nosotros. Crear y creer. Yo creo.

@SaetasdeLuis

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