303. El reposo del fuego

Poema #303

El reposo del fuego
(Don de Heráclito)

Pero el agua recorre los cristales
musgosamente:
ignora que se altera,
lejos del sueño, todo lo existente.
Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de transformarse.
Fuego del aire y soledad del fuego
al incendiar el aire que es de fuego.
Fuego es el mundo que se extingue y prende
para durar (fue siempre) eternamente.
Las cosas hoy dispersas se reúnen
y las que están más próximas se alejan:
Soy y no soy aquel que te ha esperado
en el parque desierto una mañana
junto al río irrepetible en donde entraba
(y no lo hará jamás, nunca dos veces)
la luz de octubre rota en la espesura.
Y fue el olor del mar: una paloma,
como un arco de sal,
ardió en el aire.
No estabas, no estarás
pero el oleaje
de una espuma remota confluía
sobre mis actos y entre mis palabras
(únicas nunca ajenas, nunca mías):
El mar que es agua pura ante los peces
jamás ha de saciar la sed humana.

José Emilio Pacheco

Escritor mexicano, perteneciente a la llamada “generación de los años 50″. Nació en 1939 en Ciudad de México. Ha obtenido importantes galardones a lo largo de su vida, entre ellos el Premio Nacional de Poesía, el Premio Nacional de Periodismo Literario y el Premio Octavio Paz. Ya varios de sus poemas publicados en Trazos de la memoria.

Hablar del fuego ante su opuesto es amor, espera y encuentro. Él reposa pero vive en su sustancia la explosión, el impulso. Los cambios del fuego son rápidos, sin embargo, necesita tiempo para tomar forma. Fuego que arde y se extingue, eternamente. Fuego en cambio ante la mar, que habla con palabras prestadas. Ser y dejar de ser, ante la inmensidad nada en suficiente.

@LauraAlessR

5. Zazen en la montaña Ching –Ying

Poema #5

Zazen en la montaña Ching –Ying

Las aves han desaparecido del cielo.

Ahora la última nube se escurre.

 

Nos sentamos juntos, la montaña y yo,

hasta que sólo queda la montaña.

Li Po

Poeta chino (701-762) Uno de los poetas de la dinastía Tang. Reconocido por su espíritu libre y amor a la bebida.  Se dice que murió ahogado en un río al tratar de abrazar el reflejo de la luna, en estado de embriaguez.

Cuando el tiempo de la acción ha trascurrido y uno se rinde ante el reposo. Pareciera que el velo que recubre las cosas simples de la vida se desvaneciera y entonces se puede ver… Ver realmente, sin apuro y con detenimiento como: “ahora la última nube se escurre.”

De la poesía china me gusta  esa fijación por la naturaleza y las cosas simples de la cotidianidad.  Los poemas que conozco de Li Po tienen una sencillez especial, es como si despojará a la palabra de sus complicaciones o revestimientos y la diera como gema pura para su admiración.

En este poema me detengo repetidas veces en su última estrofa.  Recuerdo lo que prevalece: las cumbres, el cielo, las estaciones y lo efímero del ser humano. Imagino la seriedad inmóvil de la montaña y lo fugaz del pensamiento del hombre. Me hace pensar en este mundo, donde se agotan las montañas, ríos y laderas, para aparecer inesperadamente un mundo de asfalto. Me pregunto entonces: ¿Ya no estaremos la montaña y yo? ¿Ya no quedará ni siquiera la montaña? ¿Entonces qué es lo que prevalece? ¿Prevalecerá el pensamiento del hombre aunque ya no esté la montaña que lo acompaña?

Es así como yo busco un camino de retorno… yo requiero la montaña.

@LauraAlessR